El santafesino Pizzi llevó al Ciclón a la gloria
Prácticamente resistido desde su asunción al cargo, supo ganarse el cariño y respeto de los hinchas con el paso del tiempo (y los resultados). Dueño de un perfil sobrio y trabajador, fue clave en la constitución de un elenco obsesivamente ofensivo
Promediaba el Torneo Inicial 2012 cuando Ricardo Caruso Lombardi dejó el puesto de entrenador en San Lorenzo y la dirigencia salió en búsqueda de un reemplazante que reuniera algunas características completamente diferentes: perfil bajo, trabajo en silencio, personalidad y capacidad para tomar las riendas de un club que nuevamente sufría con los promedios del descenso. Fue entonces Juan Antonio Pizzi "el" elegido, siempre confiado para salir a flote de las colocaciones del fondo y con la ilusión de poner en marcha sus sueños de tiempos gloriosos.
A pesar de la sucesión de algunos sacudones en sus comienzos en funciones, junto a sus jugadores metió un sprint final interesante en el cierre de dicho campeonato y mejoró su registro en el Torneo Final 2013, donde instaló el nombre del "Ciclón" nuevamente entre los mejores del ámbito doméstico y posicionado en las colocaciones de vanguardia. Pero en la segunda mitad de año, llegó la consagración: aunque la eliminación de la Copa Sudamericana fue una frustración grande y la derrota en la definición de la Copa Argentina otro golpe difícil de asimilar, logró levantar la moral de sus "pupilos" para buscar la revancha en el certamen. Y vaya si la tuvo.
Sin lugar a dudas, Pizzi fue el "gran" artífice de una celebración que Boedo esperó durante seis temporadas. Fue él quien impuso su convencimiento frente a los cuestionamientos de un esquema innovador (4-2-3-1), con manifiestas intenciones de buscar con insistencia el arco rival. Se animó a colocar a Julio Buffarini de lateral derecho (una señal de sus pretensiones), apostó por la creación de fútbol mediante la combinación de "artistas" como Leandro Romagnoli, Ángel Correa e Ignacio Piatti y "murió con la suya" cuando decidió afrontar la competencia sin un "9" clásico como referencia ofensiva, como consecuencia de la lesión de Martín Cauteruccio. Nunca sintió el temor al "qué dirán" de la prensa y los críticos que esperaban su fracaso, le dio espacio a las jóvenes promesas de Inferiores y desde el primer día inculcó una fortaleza mental que fue determinante; se sacó de encima el rótulo de "perdedor" en los duelos clave y se egresó como unos de los técnicos que encabeza la renovación generacional.
En cada oportunidad, el entrenador "azulgrana" convenció a los jugadores sobre la necesidad de convertirse en un elenco protagonista, sin importar la localía. Local o visitante, en terreno grande o de menores dimensiones, San Lorenzo mostró su faceta de equipo dispuesto a lastimar a sus rivales con la monopolización del balón, la inclusión de varios intérpretes en el campo contraria y la llegada a posición de gol con muchos involucrados. Lógicamente, tuvo su premio: su conjunto ganó más partidos que ninguno, fue el más regular a lo largo de la campaña y dio la vuelta olímpica con absoluta justicia.
No resulta casualidad, entonces, el registro ganador de Pizzi desde que tomó el cargo de DT: de 46 partidos disputados, ganó 21, empató 17 y perdió apenas 8, contabilizando únicamente juegos correspondientes a torneos locales. Esa filosofía que fue cautivando al pueblo \\'sanlorencista\\' le valió la renovación de contrato por dos temporadas más, en medio de las dudas populares. Pero él ya lo había advertido: "Si me dan dos años, a San Lorenzo". Efectivamente, la confianza y su sabiduría le valieron el esperado adelantamiento de la conquista, que se festeja en San Juan y Boedo, pero también en la consideración de los fanáticos imparciales del fútbol, debido a la coronación de una escuela que permitió volver a creer en el fútbol de alto vuelo.
Aunque ya había saboreado las mieles del éxito como entrenador en 2010, dirigiendo a la Universidad Católica de Chile, Pizzi disfruta el hecho de entrometerse en la galería de campeones del fútbol argentino y olvidar etapas sin demasiadas sonrisas en el pasado: en Colón había durado un puñado de partidos y con Rosario Central había desperdiciado de manera increíble un ascenso. Pero dicen que este deporte siempre otorga la posibilidad del desquite a aquellos que lo intentan y él puede dar fe de eso. Y bien merecido lo tiene.