Un amigo donaría el riñón a Jorge Lanata

Jorge Lanata está de vuelta en Buenos Aires. Llegó la semana pasada, en vuelo directo desde Nueva York. Tenía previsto quedarse allá hasta el último día de enero, pero su salud lo obligó a un cambio de planes después de una operación de emergencia la noche de Navidad. “Casi se muere”, confirma una persona de su círculo más cercano.

Los vaivenes de salud son una constante en la vida del periodista, que tuvo en el 2013 un año agitado: diálisis, infecciones y una operación de hernia que volvió a complicar su cuadro general. Lanata había terminado el año confirmando la decisión de encontrar un donante de riñón para someterse a un trasplante en las primeras semanas del 2014. Esta cirugía imprevista porque su vesícula estaba gangrenada podría demorar algunas semanas los plazos, que también dependen de una decisión judicial: su esposa Sara Stewart Brown resultó no ser compatible y no podrá ser donante. Sí está en condiciones de hacerlo un amigo muy cercano, pero requiere de una autorización de la Justicia.
INCOMPATIBLES. La crisis matrimonial con Sara está superada. Él volvió al departamento de Libertador y viajaron juntos a Nueva York. Los estudios la descartaron como posible donante.


La emergencia. Fue en Navidad. Lanata llegó al Hospital Universitario NYU después de celebrar la Nochebuena con su esposa y sus dos hijas en el departamento que alquilaban en Manhattan. Era una visita planificada: aún en vacaciones, el periodista debe someterse a diálisis tres veces por semana. Ya en octubre había tenido una infección en el catéter que utiliza y debieron operarlo. Esta vez, la complicación vino de la vesícula: una laparoscopia de emergencia demostró que tenía el órgano gangrenado. “Lo agarraron justo”, insiste un amigo. Si la infección hubiese llegado a otros órganos, podría haber sido fatal. En su entorno hay alarma: ¿cómo puede ser que un hombre sometido a tantos controles médicos como Lanata haya podido desarrollar un cuadro tan grave sin que se lo detectara a tiempo?

“La vesícula es el deposito de bilis, lo que hace que esté contaminada. En ciertos pacientes en los que existe una enfermedad previa como la diabetes, esta contaminación puede pasar a un proceso infeccioso tan importante que afecta la circulación arterial de la vesícula, provocando en apenas unas horas la necrosis de la pared vesicular”, explica Osvaldo Sánchez, cirujano biliar del Hospital de Gastroenterología Udaondo. La salud del periodista es un delicado equilibrio: efectivamente tiene diabetes, problemas respiratorios que lo obligan a dormir conectado a una máquina que lo asiste. De otra manera, pierde oxigenación durante el sueño.

Le insertaron una fístula para poder realizar diálisis en el 2011, pero nunca llegó a usarla: se había recuperado de manera sorprendente y logró evadir el tratamiento durante largos meses. Cuando volvió a necesitarlo –a fines del 2013– prefirieron recurrir a un catéter en el pecho. “Acá estoy, todo pinchado”, mostraba el periodista con la camisa abierta a los que llegaban a visitarlo. “Si el paciente es intervenido de forma inmediata, no existen problemas de infección de otros órganos, pero el resultado se confirma recién unos diez días después de la operación”, anticipa Sánchez. Hay que esperar.

Mientras tanto, en Buenos Aires se esfuerzan por mantener a Lanata en reposo. Se quedó en Nueva York apenas los días necesarios para recuperarse de la cirugía. Sus médicos prefirieron tenerlo cerca y controlado. “No aguanta”, confirma un colaborador. Escucha su programa de Radio Mitre a pesar de estar de vacaciones y trabaja varias horas por día en la escritura de “10 k”, su libro sobre la década kirchnerista. Ya ha pospuesto el proyecto antes y fuentes del mercado editorial temen que vuelva a quedar inconcluso. “Está trabajando a full, el libro sale”, insisten –y prometen– cerca suyo. El próximo “parate” sería recién para concretar el trasplante de riñón.