Obama advierte a Rajoy de que el “gran desafío” es reducir el desempleo

Si Rajoy acudió este lunes a la Casa Blanca para pasar un examen, la nota fue “progresa adecuadamente”. El presidente de EE UU, Barack Obama, tuvo palabras de elogio para su huésped, de quien dijo que llegó al poder “en una época sumamente difícil”, y que “gracias a su gran liderazgo”, España ha hecho “grandes avances” en materia de “estabilidad económica, reducción del déficit y vuelta a los mercados financieros”, pese a que nuestro país no fue rescatado ni los abandonó nunca del todo. Pero le advirtió de que “persisten grandes desafíos” respecto al crecimiento económico y la creación de empleo, que “son los asuntos más importante en este momento”. Obama dio por buena las reformas aplicadas por el Gobierno español, que “no son las más populares, pero son necesarias”, mientras que se quejó de otros países europeos con superávit fiscal, en alusión a Alemania, que “podrían hacer más para estimular la demanda”.


En una breve comparecencia conjunta en el Despacho Oval, Rajoy vendió la recuperación de la economía española. Aseguró que su objetivo siempre fue crear empleo, pero alegó que para ello era necesario acometer antes la consolidación fiscal. Tras 11 trimestres de recesión, aseguró, la economía ha crecido en los dos últimos trimestres de 2013 y lo hará también este año, al igual que el empleo. “El paro sigue siendo un gran problema, pero los datos son muy alentadores y afrontamos el futuro con gran optimismo”.

Preguntado si el reto soberanista catalán puede poner en riesgo la recuperación, Rajoy contestó que “la inestabilidad política, la incertidumbre, el no saber a dónde se va por parte de alguien [en alusión a Artur Mas] no ayuda”. Lo peor sería, advirtió, que el proyecto secesionista se hiciera realidad, pero eso “no se va a producir” y el problema se superará “con sentido común y sensatez”. Aún así hizo notar que quien más sufriría en ese caso sería “el más pequeño”, es decir, Cataluña. Obama, que le observaba atentamente, no dijo ni una palabra.

Como estaba previsto, la reunión de trabajo en la Casa Blanca duró una hora. Obama estuvo flanqueado por algunos de sus más directos colaboradores, como el secretario del Tesoro, Jack Lew; la secretaria de Seguridad Nacional, Susan Rice, y el número dos del Departamento de Estado, William Burns, así como el embajador de EE UU en Madrid, James Costos. Por parte española acompañaron a Rajoy su jefe de Gabinete, Jorge Moragas; el secretario de Estado de Exteriores, Gonzalo de Benito; el jefe de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal, y el jefe del Departamento de Seguridad Nacional, Alfonso Senillosa, además del embajador en Washington, Ramón Gil-Casares.

Rajoy salió visiblemente satisfecho. La reunión fue el corolario a dos años de empeño por cerrar esta cita; un objetivo al que, según fuentes diplomáticas, no cooperó sino más bien al contrario el anterior embajador estadounidense en Madrid, Alan Solomont, convencido de que Rajoy no sobreviviría a la crisis económica y a los escándalos de corrupción. Obviamente se equivocó.

La delegación española evitó plantear asuntos espinosos, como el espionaje masivo por parte de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). Preguntado por un periodista estadounidense, Rajoy se limitó a declarar que el Gobierno ha mantenido un “contacto fluido” con la Embajada de EE UU, de la que ha recibido “explicaciones satisfactorias. Mientras no se produzcan novedades, nada tengo que añadir a lo ya dicho”.

La jornada washingtoniana del presidente se inició con una visita al cementerio nacional de Arlington, donde yacen más de 250.000 soldados muertos en combate o veteranos de los conflictos en los que se ha envuelto EE UU: de la guerra de Secesión a Irak o Afganistán. Rajoy depositó una corona de flores en el monumento al soldado desconocido. Un gesto de respeto protocolario que no tuvo Zapatero cuando visitó Washington en 2009.