El kirchnerismo busca candidatos y mide la imagen de Kicillof
Sin un candidato propio definido y con la mirada puesta en cómo reforzar su identidad en medio de la disputa del peronismo, el kirchnerismo duro empezó a analizar su rol camino al recambio presidencial y, en un objetivo a largo plazo, de qué manera plantarse para el post 2015.
En el casting de figuras de pura cepa K para completar la oferta electoral, empezó a rodar como opción multitarget el ministro de Economía, Axel Kicillof. No de casualidad ordenaron incluirlo en el listado de dirigentes por medir en sondeos encargados desde la Casa Rosada.
"Está formado, tiene garra y puede encarnar el futuro del proyecto", se entusiasma un dirigente que alienta la idea de lanzarlo al ruedo político. Esa intención, claro, está verde y choca hoy con la prueba de los números.
Según encuestas que circulan en despachos oficiales, creció su nivel de conocimiento a cifras envidiables para cualquier postulante (arriba del 80% en todo el país, y hasta más de 95%, en la Capital), pero, de la mano de una suba de la imagen negativa que navega entre 60 y 70% de consideraciones desfavorables, de acuerdo con el corte geográfico y el consultor.
Al igual que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, el funcionario gana en exposición, pero absorbe el rechazo que conlleva ser el rostro visible de la lucha contra la inflación y el pedido de moderación del reclamo salarial. En todo caso, su suerte está atada a encauzar el frente económico.
El primero en mencionar a Kicillof como potencial candidato fue el diputado Edgardo Depetri, líder del Frente Transversal, una agrupación que integra el conglomerado cristinista Unidos y Organizados, cuyo vértice es La Cámpora. Hace poco más de un mes, lo sumó al puñado de presidenciables, aunque más como una opinión personal que en el marco de una estrategia.
El titular del Palacio de Hacienda, con formación de izquierda y resistido dentro del PJ clásico, cuenta con doble cucarda: no sólo goza de la confianza de Cristina Kirchner, sino también cuenta con la simpatía de su hijo Máximo, fundador de la organización juvenil que la Presidenta considera su verdadera continuidad.
La promocionada presentación del libro Fuerza propia, en el que la cúpula camporista da su testimonio, fue leída como un movimiento para dar señales concretas de que la construcción que reconoce como único liderazgo el de Cristina apuesta a sobrevivir, aun en el llano.
Anteanoche, en el ciclo 6,7,8 , el secretario general del sello, Andrés Larroque, avanzó sobre ese escenario, cuando le preguntaron si su base de sustentación, como argumentan sus detractores, son los cargos en la administración pública. "Tenemos la vocación de seguir consolidando este proyecto, pero el día que no tengamos la posibilidad de estar en el Estado, no es un impedimento. Al contrario, los compañeros creo que se motivan más", sostuvo, en un giro para darle épica.
SCIOLI, RESISTIDO
La juventud K, al igual que parte del elenco oficial, prefiere rearmarse desde la oposición antes de que, por ejemplo, "licuar" el kirchnerismo detrás del plan presidencial de Daniel Scioli, el peronista alineado mejor posicionado y más recelado. Los camporistas se lo hacen saber, en privado, a quien insinúe una alianza bajo el escudo del "mal menor".
"Hoy parece que el PJ abarca todo, pero hay que ver si los pibes se sienten tan representados", sentenció Máximo, según el anticipo editorial publicado por Página 12.
Esa frase, pronunciada bastante antes, encaja con la última jugada de su madre, cuando desplazó a Beatriz Rojkés, esposa del gobernador tucumano José Alperovich, de la Presidencia Provisional del Senado para entronizar al radical K, Gerardo Zamora. Un gesto inequívoco hacia el justicialismo que ya empezó a debatir sin disimulo el recambio del poder y lo hizo explícito en la cumbre playera de Santa Teresita, a fines del mes pasado.
Mientras aguarda una decisión presidencial que creen se estirará lo más posible, el cristinismo adoptó la postura de no enrolarse detrás de ninguno de los aspirantes que ya manifestaron su deseo de competir, aunque no se aíslan y nutren los contactos. Eso ocurrió, por ejemplo, hace dos semanas cuando la mesa chica de La Cámpora cenó en una unidad básica de Parque Patricios con el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, en un encuentro político hermético, pero simbólico.
En un esquema de equilibrios, ayer, por ejemplo, el entrerriano Sergio Urribarri fue invitado estelar para cerrar un acto de La Jauretche, en Córdoba, junto al secretario de Derechos Humanos, el camporista Martín Fresneda. Aunque no son determinantes, esos pequeños gestos de acercamiento pincelan, acaso, el ánimo de Olivos.