La sangre artificial cada vez más cerca

Desde tiempos remotos, la sangre ha sido símbolo de vida y, por tanto, su derramamiento abundante significaba la muerte. Hoy la sangre significa mucho más, no sólo es un símbolo de vida, sino de generosidad: Cada año, se realizan 92 millones de donaciones de sangre en el mundo, lo que implica alrededor de 46 millones de litros de sangre moviéndose por nuestro planeta. Sólo en España (uno de los países con mayor conciencia de donación), se produjeron casi 2 millones de donaciones de sangre en 2010.

Hoy día, sangrar en abundancia ya no implica una muerte segura, pero la necesidad de sangre es constante (se degrada a las 4-6 semanas tras su extracción) y cada vez más acuciante, especialmente entre los países con servicios sanitarios más desarrollados, donde la demanda crece más y más cada día que pasa. Además, ante la aparición de grandes desastres naturales o de guerras, la necesidad de sangre se desborda. Cuando ésta escasea, los principales afectados son aquellas personas con ciertos grupos sanguíneos, que sólo pueden aceptar a determinados grupos (especialmente los del 0-, que sólo son compatibles con su mismo grupo y Rh). Tampoco hay que olvidar que las transfusiones no están exentas de peligro y, aunque sea extremadamente bajo, existe el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas.