Tres grandes muralistas mexicanos: una visita que tardó 43 años

Orozco, Siqueiros y Rivera, estrellas desde hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes.

No hace falta recorrer 7000 kilómetros para conocer a José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Los tres grandes nombres del muralismo mexicano son protagonistas, en el Museo Nacional de Bellas Artes, de una muestra que se planeó hace más de 40 años y que un golpe de Estado dejó trunca hasta hoy, cuando finalmente se puede ver en el país: La Exposición Pendiente y La Conexión Sur.

El muralismo en sí, se sabe, es imposible de transportar. Pero no lo son los cuadros de caballete, los estudios preparatorios para murales, los bocetos y las documentaciones que un joven médico, Alvar Carrillo Gil, coleccionó entre los años 30 y 60, dándole así forma al acervo del museo que lleva su nombre, uno de los núcleos más coherentes de la escuela mexicana. El conjunto ya se vio en unas 70 ciudades desde que, en los 50, se empezó a querer contar al mundo este gran capítulo de la historia del arte.

Así llegó a Chile en 1973. Iba a inaugurarse el 13 de septiembre, pero dos días antes estalló el golpe de Estado de Augusto Pinochet, por lo que la muestra no abrió sus puertas y las obras volvieron a embalarse.

Las obras volvieron a embalarse y se guardaron en el depósito del museo: dos días más tarde el edificio fue ametrallado por cuatro tanques del ejército. Las obras no sufrieron daños de milagro, y le llevó febriles diez días al muséografo Fernando Gamboa sacar clandestinamente las obras atrincheradas en el país vecino.

En 2015, la exposición volvió al Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago y se pudo saldar esa deuda de cuatro largas décadas. Y ahora llega a Buenos Aires, ampliada con la mirada de los artistas argentinos que unieron su voz en una misma temática: el dolor social.

El Siqueiros porteño

En 1972, el estado mexicano compró la colección y el edificio donde se exhibía, y desde entonces el tesoro del doctor Carrillo Gil es patrimonio público. Por eso, de las 169 obras que originalmente componían el envío, sólo llegaron al país 76. El gobierno mexicano no autoriza el traslado de una cantidad tan grande de piezas de su patrimonio todas juntas.

Para ver en su esplendor a los tres grandes muralistas, sí, hay que viajar y visitar el Palacio Nacional, el Palacio de Bellas Artes o el Colegio de San Ildefonso en el DF mexicano, donde estos maestros repasan la historia de su país en vigorosas pinturas de pared, tan inmensas y elocuentes que cortan el aliento. Pero en Buenos Aires también hay uno: Ejercicio plástico, que Siqueiros encaró en 1933 en un sótano, junto con Lino Enea Spilimbergo, Enrique Lázaro, Juan Carlos Castagnino, Antonio Berni y el cineasta León Klimovsky. Hoy se exhibe en el Museo del Bicentenario y en la exposición del MNBA se lo señala con una maqueta.

La muestra se organiza en cuatro momentos: el retrato, los horrores de la guerra, la mirada social y las experiencias muralistas. "No es una acumulación de obras sino un relato coherente de la escuela mexicana", dice el curador Carlos Palacios, de origen venezolano.

La primera sala reúne retratos realizados por los tres maestros, en el que se destacan las obras tempranas de Rivera de su etapa cubista en París. De Orozco se exhibe un conjunto de tintas, la serie Horrores de la revolución, que remite a los grabados de Goya. "Plantea escenas terribles de la revolución mexicana, los barbarismos de la guerra e injusticias sociales", señala Palacios.

Luego, pintura de caballete de Orozco y Siqueiros en dos salas enfrentadas. "Siqueiros no sólo se problematizó en su discurso teórico programático en relación con el mural -las ideologías que reflejaba en su programa iconográfico- sino también en la construcción de un lenguaje plástico innovador, una voluntad de riesgo compositivo basada en los materiales." En Orozco no está la masa organizada de Siqueiros: "Son masas injustas, un pueblo que humilla al mismo pueblo". Sus paisajes se acercan a la abstracción, y esto se relaciona con un viaje a Nueva York, donde también conoce el Guernica de Picasso. Orozco le dedica una publicación y lo evoca en un cuadro.

Otro espacio está en relación directa con el muralismo de Rivera, Orozco y Siqueiros: reúne, por ejemplo, una nota pictórica para el gran mural de Rivera en el Castillo de Chapultepec, actual Museo de Historia mexicano. También, de Siqueiros, un croquis de lo que será el imponente Tormento de Cuauhtémoc del Palacio de Bellas Artes y un estudio del torso de su mujer, Angélica Arenal, que será protagonista de otro, La Nueva Democracia.

La conexión sur, el segundo núcleo de la exposición, curado por Cristina Rossi, registra los intercambios que tejieron los tres muralistas mexicanos con artistas argentinos a partir de los años 30 y 40. Una campesina de Demetrio Urruchúa, un campesino herido de Berni y más obras de Raquel Forner, Spilimbergo y Gertrudis Chale. Se recuerda la experiencia de los murales de las Galerías Pacífico, uno de los pocos muros prestados a los artistas en comparación con la profusión mexicana (la solución argentina fue optar por los murales transportables o pinturas de grandes formatos).

De las décadas del 60 y 70 hay imágenes de los tiempos de la represión: Siqueiros encarcelado, la autopsia del Che Guevara, según Carlos Alonso, torturados de Castagnino y Juan Carlos Distéfano, y más trabajos de Juan Carlos Romero, Raquel Forner y Diana Dowek. La misma trama densa de reivindicaciones sociales y respuestas estéticas. Observa Rossi: "La búsqueda tenía que ver con el imaginario nativo, el rol de la mujer en la lucha y la representación del horror de la guerra y el anhelo de paz... La cuestión de la resistencia es central". Y analiza también: "Es cierto que Siqueiros fue el único que en 1929 y 1933 visitó el área rioplatense, pero -teniendo en cuenta las comunicaciones de la época- no es menos cierto que las noticias sobre Rivera -como las vicisitudes que sufrió en 1933 su mural del Rockefeller Center- circularon en las revistas locales casi simultáneamente a los hechos. En cada uno de nuestros países, los artistas enfrentaron una realidad particular a la hora de elaborar las imágenes que gravitarían sobre su construcción de "lo propio"; sin embargo es innegable que determinadas circunstancias que afectaron al continente hermanaron sus voces".

"Esta muestra posee un significado que trasciende el ámbito de las artes, y tiene algo de reparación, de justicia histórica. A la vez, permite interrogar esas poderosas visiones bajo la pregunta por el devenir de las artes y de los pueblos latinoamericanos en un nuevo contexto histórico", dice Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, que logró traer la muestra gracias a un esfuerzo conjunto de México, Chile y la Argentina, el Museo de Arte Carrillo Gil, del Museo de Bellas Artes de Chile, y de la Asociación Amigos del MNBA, clave para reclutar patrocinantes.

La muestra

Orozco, Rivera, Siqueiros. La Exposición Pendiente y La Conexión Sur se inaugura hoy, a las 19, y se podrá visitar hasta el 7 de agosto, en el MNBA (Av. del Libertador 1473). Entrada gratuita. Visitas guiadas y charlas didácticas.

Charlas y debates

Los sábados, a las 15.15, "Hablemos de arte", un debate con el público sobre las obras de Orozco, Rivera y Siqueiros. El domingo 15, a las 17.30, conferencia "La obra mural y su integración con la vida cotidiana", a cargo del escultor Antonio Pujia, Analía Romero y Nicolás Ramón Boschi, del proyecto América en Colores. El 27, a las 19, Ana Martínez Quijano se referirá a "El mural de Siqueiros en la Argentina".

Reversionar a los maestros

Este sábado, a las 15.30, en el encuentro "Si yo fuera. Rivera", se creará una obra colectiva, inspirada en los muralistas mexicanos. También los sábados, a partir de las 17.15, taller para reversionar piezas de la exposición.

Pantalla azteca

Los viernes, a las 19, en el auditorio de la Asociación Amigos del Museo (Av. Pres. Figueroa Alcorta 2280), se programó un ciclo de cine mexicano. Todos los títulos en http://cine.aamnba.org.ar.