"El bebé estimula zonas erógenas -como la boca- desde el primer momento y la succión no sería sólo el medio por el cual adquiere el alimento sino que, además, hay placer sexual en dicha actividad. Hay satisfacción en succionar -aclaró Ruda-. Luego, en la fase anal, el placer pasa por 'retener y soltar'. Se ve claramente en las nenas cómo se aguantan las ganas de hacer pis hasta último momento sintiendo de esta manera placer en la zona genital y, por qué no, disfrutando de ello.Experimentar el control sobre el propio cuerpo también es una instancia de placer sexual".
Luego, la etapa fálica se da de diferente manera en niños y niñas y se desencadena a partir de cómo cada uno vive la diferencia anatómica entre los sexos. "Tras una etapa de latencia, en la cual la sexualidad queda sublimada para dar lugar a la integración a la cultura, llega en la pubertad la etapa propiamente genital, en la cual se desarrollan y devienen en cada sujeto los intereses sexuales ya determinados (inclinaciones sexuales) y donde la satisfacción es principalmente genital, aunque esto no quiere decir que las anteriores desaparecieron", continuó la especialista.
Momentos incómodos que no deberían serlo tanto
Alrededor de los tres años, los niños descubren la diferencia anatómica de los sexos: toman conocimiento de que los varones tienen pene y las nenas vagina. Es una etapa de exhibicionismo y necesidad de conocerse y tocarse.
"Obviamente, ellos no tienen aún pudor y esto lo pueden hacer en cualquier momento y lugar, lo que a los padres les genera mucha incomodidad -anticipó Ruda-. Lo ideal es no reprimir situaciones como estas y hacerles saber que comprendemos que les guste, ya que a nosotros también nos gusta. Es sano y necesario que lo hagan. Uno como adulto puede ofrecer una alternativa a esa situación diciendo, por ejemplo, que uno no puede tocarse en cualquier momento y lugar pero que si quiere puede ir a otro lugar a hacerlo en privado (en caso de estar en una casa ajena)".
Los padres suelen desconocer lo "normal" de esta situación y al haber sido reprimidos en su infancia, ésta les genera, en ocasiones, vergüenza. La mejor reacción sería naturalizar todo, ya que es una etapa de descubrimiento donde no hay ninguna otra intención. Lo mismo cuando el descubrimiento es entre pares. Más de una vez podrá presenciarse una situación en la que se tocan entre ellos.
"Esto no tiene nada de malo ya que es algo inocente de los niños. De todos modos, siempre se debe prestar atención a que sea entre niños de la misma edad y siempre y cuando haya voluntad de ambas partes. En tanto uno no quiera más, se le marca el derecho que tiene de mandar sobre su cuerpo", enfatizó la especialista.
"En esta etapa, donde comienza a conocerse el cuerpo y las zonas de placer, muchas veces quieren mirar y tocar el cuerpo de sus padres. Estará en cada adulto cómo responder a este pedido. Mientras el adulto no se excite con esta situación, no habría problema", recomendó la especialista, quien aclaró que "los más chicos quieren ver o tocar como lo hacen con cualquier otra parte del cuerpo".
"Que cada uno responda según su propio pudor; ese es el límite. Jamás censurar la curiosidad del niño, pero tampoco contestar sintiéndose incómodo", analizó la especialista.
En perspectiva, Ruda fue contundente en cuanto a la evolución que se dio respecto a este campo tan poco explorado: "Quizás venimos de una época donde la sexualidad era más reprimida e incluso había muchos tabúes, como el creer que si nuestros hijos nos veían desnudos, iban a desarrollar algún tipo de perversión. Y la verdad es que no necesariamente es así. Generalmente depende de cómo nos relacionamos con la sexualidad y cómo la transmitimos".