Francia: la incertidumbre y los extremos marcan la elección
Tras los sismos que significaron el Brexit y el triunfo de Trump, el mundo está atento a los comicios de mañana; el resultado puede redefinir el lugar del país en la UE.
El período de veda electoral que comenzó ayer a medianoche en Francia no será este año un ejercicio gratuito. Los ciudadanos aprovecharán la jornada de hoy para meditar en la importancia histórica de la elección de mañana. Esta cita con las urnas será, sin duda, uno de los momentos más esperados -y probablemente más temidos- por el país, por Europa e incluso por el mundo desde 1981, cuando el socialista François Mitterrand accedió al poder.
Mañana, 47 millones de electores franceses acudirán a las urnas para decidir quién los gobernará durante los próximos cinco años. Lo harán en medio de exorbitantes medidas de seguridad, para impedir que cualquier ataque terrorista impida el normal desarrollo del acontecimiento democrático más importante del país, que se repite cada cinco años. Unos 50.000 policías y más de 7000 soldados fueron movilizados para patrullar la vía pública, pero sobre todo las 69.000 oficinas de voto en todo el país.
Después del terremoto del Brexit en Gran Bretaña y la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos, la segunda economía de la Unión Europea y quinta potencia mundial se enfrenta esta vez a una decisión crucial: dividir brutalmente el país en dos, llevando al poder la extrema derecha o la extrema izquierda, o bien optar por la moderación, acordando su confianza a la derecha conservadora o al social-liberalismo.
El resultado tiene en vilo al mundo porque, como pocas veces antes, los cuatro candidatos (de los 11 que se presentan) que dirimirán la primera vuelta codo a codo representan la totalidad del espectro ideológico. En otras palabras, todo podría suceder.
La primera de esos cuatro es Marine Le Pen, líder del Frente Nacional (FN) de extrema derecha, partido xenófobo, antisemita y antieuropeo. Le Pen, una abogada de 48 años, divorciada y con tres hijos, pretende que Francia deje la Unión Europea (UE), el euro y la OTAN. Quiere cerrar las fronteras a la inmigración. Condena la globalización y profesa una detestación activa contra el islam, que amalgama a su conveniencia con el radicalismo islamista y el terrorismo.
Segunda entre los favoritos con 21,5% de intenciones de voto, después de haber liderado los sondeos durante meses, si ganara esta elección se convertiría en la primera presidenta electa de extrema derecha en la historia de la UE.
Con apenas 2,5 puntos más (24%), Emmanuel Macron es el otro gran favorito de esta primera vuelta. A los 39 años, el ex ministro de Economía del presidente socialista François Hollande es la inmensa sorpresa de esta campaña. Meteoro de la política, sin experiencia en un cargo electivo, este ex banquero de Rothschild renunció al gobierno para fundar su propio movimiento ¡En Marcha!, y ascendió en forma vertiginosa hasta obtener el primer puesto en las encuestas junto a Le Pen.
Macron, que se niega a definirse de izquierda o de derecha, defiende una política liberal que devuelva vitalidad a la economía francesa. Pro europeo, moderado, brillante y cultivado, casado con una mujer 20 años mayor que él, el joven prodigio supo atraer a importantes personalidades tanto de izquierda como de derecha, desilusionados por los candidatos oficiales de los dos partidos tradicionales franceses.
En noviembre, François Fillon (63 años) estaba seguro de ser el próximo presidente francés. Su amplio e inesperado triunfo en las primarias de la derecha lo consagraron como el único candidato capaz de derrotar a Le Pen.
Poco después, sin embargo, el ex primer ministro de Nicolas Sarkozy quedó atrapado en un escándalo de supuesta corrupción que provocó su inculpación, estuvo a punto de hacerlo abandonar la candidatura y dividió profundamente a su partido.
Considerado una suerte de "Thatcher francés", Fillon -que cuenta con 20% de intenciones de voto- propone medidas draconianas. Quiere terminar con las 35 horas de trabajo semanal, reducir 500.000 empleos públicos, abolir el impuesto a las grandes fortunas y reducir drásticamente la inmigración.
A los 65 años, Jean-Luc Melenchon es la otra sorpresa de esta elección. Gracias a su carisma y su talento como orador, el candidato de La Francia Insumisa (LFI) de extrema izquierda logró transformarse en líder de ex comunistas, jóvenes desalentados por la política tradicional y nostálgicos revolucionarios, y se izó en pocas semanas al mismo nivel que Fillon.
Según las últimas encuestas, el 7 de mayo los franceses deberán decidir quién los presidirá durante cinco años entre Macron y Le Pen. En ese caso, el candidato de ¡En Marcha! totalizará por lo menos 64% de los votos, provenientes tanto de los electores de izquierda como de derecha que no imaginan por un segundo darle el poder al Frente Nacional.
Si esas previsiones se confirman, Europa respirará aliviada y Francia será gobernada por el presidente más joven de su historia.
Trump no pudo evitar opinar
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comentó ayer sobre las elecciones presidenciales de Francia, al decir en su cuenta de Twitter que probablemente el asesinato de un policía en el centro de París ocurrido anteayer tenga un impacto en la votación.
Estado Islámico se atribuyó el tiroteo en el que un policía fue asesinado en la avenida de los Campos Elíseos por un ciudadano francés que vivía en París.
"Otro ataque terrorista en París. El pueblo de Francia no tolerará mucho más de esto. ¡Tendrá un gran efecto en la elección presidencial!", escribió Trump en Twitter.
El mandatario llegó a la presidencia con un discurso contra la inmigración y el islam.