Luis Alberto Romero: pensar la Historia sin el diario del lunes
El reconocido historiador propone un análisis diferente de la democracia y los golpes de Estado, y manifiesta su preocupación actual por “la reaparición de una violencia que creíamos haber eliminado”.
Pensar la Historia no es tarea fácil. Pero quienes se dedican a ello tienen una ventaja: “Los historiadores usualmente saben cómo sigue lo que están estudiando”. Ahora bien, ¿es este el único abordaje posible? Luis Alberto Romero cree que no.
En diálogo con El Cuarto Poder, el prestigioso intelectual propone “un ejercicio, que es mirarlo de dos maneras diferentes: con y sin el diario del lunes”. Específicamente, observar en contexto (previo y posterior) los golpes de Estado en Argentina. “Nosotros sabemos que el golpe de 1930 fue el primero de una cadena que llegó hasta la última dictadura militar. Esto nos hace mirar el (primero) como el principio de una Historia, lo cual es muy cierto e importante; pero (quienes vivieron) el domingo 5 de septiembre (de 1930) debían de tener una perspectiva distinta de los que sí supieron qué venía después”.
"La Historia no está escrita, la Historia está abierta. Y en cada momento hay muchos caminos posibles".
De allí que Romero busca hacer hincapié en “cómo se veían las cosas en vísperas, cuáles eran las ideas de una enorme cantidad de gente (por ejemplo, Alfredo Palacios, rector de la Universidad de La Plata), que apoyó el golpe, aunque inmediatamente después estuvo en contra de la dictadura del general Uriburu. Esto –ahonda- es porque antes del 6 de septiembre (de 1930) las cosas que se discutían en el país eran muy distintas de las que se discutieron después”.
Es necesario, entonces, "mostrar que la Historia no está escrita, la Historia está abierta. Y en cada momento hay muchos caminos posibles, porque si se parte de que lo que pasó es lo único que podía haber pasado, descarta en la reconstrucción de la Historia otro montón de caminos posibles". Asimismo, el ciudadano de a pie debe saber “que lo que él hace importa, decide, y cambia un rumbo”, y no sólo pensarlo retrospectivamente, sino hacia adelante. “Me parece que es una lección importante para hoy, que estamos en una coyuntura muy abierta”.
"El ciudadano debe saber que lo que él hace importa, decide, y cambia un rumbo”.
Democracia y violencia
¿Tenemos calidad democrática? Para Luis Alberto Romero, “es la gran pregunta”.
Según su visión, “la solidez de la democracia que construimos en 1983 alejó el peligro (de un golpe militar). Pese a las dificultades, a nadie se le ocurre ni remotamente que los militares fueran a hacer algo, ni a los mismos militares”.
En esa línea, explicó: “las intervenciones militares, de 1930 a 1976, fueron llamadas o convocadas desde algún sector para resolver algún problema que los políticos no podían resolver”. Esta situación cambió posteriormente: “Por ejemplo, la crisis de 2001 en otro contexto habría sido resuelta con una intervención militar, pero estábamos tan convencidos de que no era el camino, que finalmente nos la arreglamos para encontrar otra solución”.
No obstante, advirtió: “Nunca se puede decir ‘esto no va a volver a ocurrir’”. Por ello, el prestigioso docente insta a “mirar con preocupación” la coyuntura actual, con relación a “esta reaparición de una violencia que también creíamos que habíamos eliminado”.
¿La clave? El Estado de Derecho. “Es la única manera de cerrar el camino a la violencia” y “construir algo sólido”. La política de masas, desde comienzos del siglo XX, tuvo un carácter muy faccioso, y con un Estado que no fue capaz de contener esa facciosidad. De modo que democratización, facciosidad e instituciones débiles, da como resultado que los conflictos facciosos estallen en violencia abierta”.
"La clave es el Estado de Derecho. Es la única manera de cerrar el camino a la violencia".
“En 1983 arrancamos con un proyecto de democracia institucional y plural, pero desde principios de los ‘90 hemos retrocedido varios pasos: concentración del poder en el Ejecutivo, unanimismo, autoritarismo. Lo que pasa hoy es preocupante porque no estamos con la convicción y seguridad que teníamos en el 83 acerca de estos valores”.
“Por eso mismo creo que lo que cada uno hagamos, pesa”.
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