Claudia Lapacó: "Quiero que me asuste el trabajo que asumo"
Está protagonizando “Viaje de un largo día hacia la noche” en el San Martín. Dice que atraviesa un gran momento. A los 70 con las ganas intactas, habla de este clásico y de los que vendrán: “El éxito es hacer bien el trabajo que nos toca hacer”.
En sus 52 años de trayectoria fue protagonista en todos los formatos: televisión, teatro, revista, café concert, cine, comedia musical. Sin embargo, sostiene que el reconocimiento se desvanece ante la fuerza del entusiasmo por cada nueva obra. Con trazo de quien está de vuelta, explica cómo limpia su vida de todo aquello que no pertenezca al presente, para entregarse a la tarea actual. “Lo mejor es lo que estoy haciendo en este momento”, dice, y enfatiza: “Me apasionan los desafíos, quiero que me asuste el compromiso que asumo”. Con el fervor de quien está al principio de un camino, explica cómo “el proceso del ensayo es un tiempo muy feliz para mí. Nunca me es suficiente”, y cómo al terminar una obra “me siento viva y llena de energía”.
La actriz que fue inmediatamente querida por el público argentino cuando apareció en la telenovela El amor tiene cara de mujer , hoy hace Viaje de un largo día hacia la noche , una de las obras más complicadas de Eugene O’Neill. También ensaya una obra basada en una novela del húngaro Sándor Márai, y sueña con los clásicos que le quedan por hacer. “Quiero trabajar hasta mi muerte”, dirá, en algún momento.
Claudia Lapacó era poco más que una niña cuando vio el clásico Viaje de un largo día hacia la noche con sus padres. Más de medio siglo después lo protagoniza con todo el peso de su trayectoria y su pasión. “En el año 1998 vi la puesta con Norma Aleandro y Alfredo Alcón. Una obra de toda mi vida, y ahora me la proponían. Yo estaba haciendo Las mil y una noches , haciendo un papel que Pepito Cibrián había escrito para mí (fue el regreso al escenario y al musical de Claudia Lapacó), pero Viaje… es una obra que ninguna actriz verdadera puede rechazar”.
El papel de Mary Tyrone tiene una alta complejidad.
¡Sí! Un papel dificilísimo, pero ¿sabés?, me apasionan los desafíos. Quiero que me asuste el compromiso que asumo.
Es uno de los clásicos más fuertes del teatro de los Estados Unidos.
Es una familia que padece problemas muy graves. Mary Tyrone es adicta desde hace 25 años, su marido es un alcohólico marcado por una infancia muy dura, uno de los hijos también es alcohólico, el otro es tuberculoso. Y también hay mucho amor entre ellos, un amor profundo, franco, pero que tal vez eso no alcance para salvarlos.
Claudia Lapacó está entregada enteramente a la tarea de contar la obra. Sus grandes ojos afables, han sido tomados de pronto por una mirada de tristeza infinita.
El director, Villanueva Cosse, parece estar tan comprometido como vos con la obra.
El ya la había hecho en los años ‘70, y me dijo : “ Después de hacer Viaje… yo nunca volví a ser el mismo” .
¿Cómo es el trabajo con él? Es un gran director, sabe mucho y no perdió la pasión por enseñar. Me condujo maravillosamente por el camino de Mary Tyrone. Claro que en los ensayos sufrís, porque llegás con tus propuestas y tenés que ajustarlas a la obra que se va creando. Viillanueva tiene ideas claras sobre cómo se dirige teatro. Al principio nos dijo: “Cada uno de nosotros debe tener una idea de la obra. Vamos a tratar de hacerla lo más parecido a como yo la veo”. Yo siempre escucho al director. Muchísimo. Lo que intento es entender hacia dónde va y pongo lo mejor de mí. Cuando finalmente estrenamos, me siento aliviada de haber llegado con el trabajo maduro.
La entrevista se desarrolla en el parque del Museo Sívori. De los árboles y el césped verde sale la luz del verano maduro para iluminar afablemente a Claudia Lapacó. En armonía con el lugar, vestida con un atuendo fascinante, ella habla con una distinción que no parece de este mundo. Como en los actores más consumados, hay un dejo ligeramente extraño en su pronunciación, casi imperceptible, y una dicción y un lenguaje trabajados. “Me gusta disfrutar del rol. En este momento de mi vida puedo meterme sin límites en el trabajo de una obra, de un personaje. Cuando era joven hacía cosas menos importantes, tenía que ocuparme de mis hijos, de tantas cosas, pero hoy vivo para mí y mi vida es la actuación”, dice.
¿Por qué hiciste tantos géneros, y tan variados? Porque me gustaba hacer diferentes cosas. En el fondo, lo que más me divertía era el cambio. Yo he pasado sin problemas de un teatro grande a un sótano, porque hago aquello que me gusta mucho, y entonces lo que hacía en el teatro y en el sótano, lo hacía con las mismas ganas.
¿Cuán importante fue tener éxito en tus trabajos? He escuchado a un director decir “en esta ciudad hay 12 fracasos”, refiriéndose a obras de teatro que no han sido un boom en la taquilla, y casi me ha dado pena esa opinión. Yo siento que el éxito es asumir un desafío formidable, el esfuerzo apasionado por hacer bien el trabajo y, en fin, estar haciendo lo que me gusta. Mi éxito hoy es estar dando lo mejor de mí para hacer la Mary de Viaje… Estoy capturando una oportunidad única en mi vida. ¿Cuándo va a reponerse esta obra? Para mí es esta vez o nunca más, y con esa intensidad la vivo. Eso, me parece, es el éxito.
¿Qué peso tiene el público en todo este proceso? Si alguien se sienta en la platea, algo le tiene que pasar. Siento que hay gente a quien la Mary de Viaje… le causa rechazo. En una función escuché decir a una señora ¿Qué le pasa a esta? ¿Está borracha? No se refería al personaje sino a mí, y eso me encantó. La historia no es tan alejada de nuestra realidad. Una familia vive un drama, el estrés, el alcoholismo, una adicción, y son temas de hoy. Uno puede entregarse a esta obra, sentir el dolor que es tener un adicto en la familia, o sentir que el amor no es suficiente. Lo que tienen de extraordinario los grandes clásicos es que hacen pensar. Tocan la vida, y el instrumento para que toquen la vida es el actor.
Vos hiciste Moliére, Chejov, García Lorca, Pirandello, Tennessee Williams, Cocteau, ahora O’Neill, ¿qué te dan los clásicos? Los clásicos te hacen crecer, no es una novedad. Para el actor no hay un techo y siempre hay caminos por recorrer, nuevas formas de hacer las cosas. Es como la vida, se puede mejorar más y más. No hay límites. ¡Los clásicos que me falta hacer! ¿Te queda claro por qué te dedicaste a la actuación? Estaba en mi persona y estuvieron mis padres. Cuando tenía 16 me llevaron a estudiar con Hedy Crilla, en su Escuela de Arte Escénico de la Sociedad Hebraica Argentina, se formó gente como Sergio Renán, Beatriz Bonnet, Lito Cruz, Federico Luppi, Laura Hidalgo, Elsa Berenguer, David Stivel y tantos otros. Y siempre me llevaban a ver las obras de teatro. En el año ‘53 vimos con mis padres y mi hermana a Edith Piaf en el teatro Opera.
Luego está el aporte de las horas sobre el escenario.
Yo concibo actuar bien como fruto del trabajo. Es fundamental la técnica que se adquiere con la experiencia. El café concert me enseñó a hablarle a la gente, a la cara… Todo lo que hice me fue preparando para lo que soy hoy. El trabajo es necesario para que el actor pueda hacer brotar la emoción genuina y conmover. El oficio debe servir para que el actor sea un catalizador, para que a través de él le llegue la obra a la gente. Yo no siento que “llegué” a ningún lado, y estoy contenta por eso. No me regodeo del pasado. Lo mejor es lo que estoy haciendo en este momento.
Claudia mira fijamente en silencio, dejando que sus palabras, rotundas, como campanazos, hagan finalmente su efecto. Es el momento en que se descubre que la remota estrella de los años ‘60 ha intentado caminar de manera incesante por un camino propio, que se le parece.
Estás presente en diferentes generaciones del público argentino, pero es difícil encasillarte.
Muchos productores actuales podrían abrir sus cabezas y entender que no es necesario crear personajes para que los pueda hacer tal o cual. Un actor puede hacer cualquier personaje. Cuando hice Aplausos me preguntaba si Nico Scarpino podría hacer otro personaje que el peluquero, porque estaba tan perfecto en ese rol, pero luego lo vi en Sweet Charity y quedé maravillada, porque el nuevo personaje que estaba haciendo también parecía creado para él.
¿Cuál es el momento más feliz de la actuación? ¡Empezar a trabajar un rol me produce tanta adrenalina! Es el momento de la búsqueda. Aún no sabés todo lo que vas a hacer, empezás a formar una familia, con todo lo que eso significa, con los demás actores. El proceso del ensayo es un tiempo muy feliz para mí. Nunca me es suficiente. En Viaje… me hago el peinado yo, porque estoy apasionada con ser Mary Tyrone y para que, en escena, cuando digo ¡Ah, se me soltó el pelo! Ahora me cuesta peinarme , salga de mí el lenguaje verdadero de esa pobre mujer. Nunca hice las cosas de taquito, ni cuando estaba en la revista. Cuando al fin las cosas salen bien, me siento viva y llena de energía.
¿Qué planes tenés? Quiero trabajar hasta mi muerte. Un actor, si le funciona la cabeza y bastante el cuerpo, puede seguir actuando. Fue maravilloso que Luisa Vehil y Sarah Bernhardt, por ejemplo, actuaran siempre. Hace 52 años que actúo y no abandoné nunca la actuación. Nunca. Ni cuando me iba bien ni cuando me iba mal.