Irán atraviesa un momento crítico con protestas, represión y aislamiento
Con medio millón de muertos, más de 10 mil detenidos y dos semanas consecutivas de protestas, Irán enfrenta una nueva ola de conflictividad social. La crisis económica, el rechazo al régimen teocrático y el aislamiento internacional configuran un escenario de alta incertidumbre.
Irán vive uno de los episodios de mayor tensión social de los últimos años. Desde fines de diciembre, el país atraviesa un nuevo ciclo de protestas masivas que ya dejó cientos de muertos y miles de detenidos, según estimaciones que circulan desde el exterior, en un contexto de fuerte censura y restricción a la circulación de información.
“El detonante inmediato es la crisis económica”, explicó en diálogo con LT10 José Larker, profesor de Historia, magíster en Historia Social y especialista en Asia y África. La devaluación del rial iraní provocó una suba abrupta de precios y un fuerte deterioro del poder adquisitivo, lo que derivó rápidamente en un conflicto político.
Una de las particularidades de este nuevo estallido social es su origen: las protestas comenzaron en los bazares, los grandes centros comerciales del país. Comerciantes y sectores de clase media decidieron cerrar sus locales ante la inestabilidad económica, marcando un punto de inflexión. “La crisis económica deviene en crisis política”, señaló Larker.
Con el correr de los días, las consignas se radicalizaron. A diferencia de protestas anteriores, esta vez aparecen expresiones abiertas contra el régimen teocrático de los ayatolás, que gobierna Irán desde 1979. “Ya no se trata solo de reclamos económicos, sino de cuestionamientos directos al sistema político”, indicó el especialista.
El régimen respondió con una represión severa. Las protestas, inicialmente pacíficas, fueron enfrentadas con un alto nivel de violencia estatal. El gobierno mantiene el control de los mecanismos de coerción y disciplinamiento social, lo que vuelve incierto el desenlace del conflicto. “Cuando se desatan estas protestas, nunca se sabe cómo terminan”, advirtió Larker.
Conflictividad social
El actual escenario se inscribe en un proceso más amplio de conflictividad social. Hubo protestas importantes en 2009, tras elecciones denunciadas como fraudulentas; en 2019, con reclamos más amplios; y especialmente en 2022, luego de la muerte de Mahsa Amini, la joven detenida por la policía moral por llevar mal colocado el velo. Aquella movilización puso en el centro la lucha por los derechos de las mujeres y profundizó el rechazo al régimen.
Sin embargo, uno de los principales límites del movimiento opositor sigue siendo su fragmentación. “No hay una oposición unificada y fuerte. Hay rechazo al régimen, pero está disperso y responde a intereses diversos”, explicó el historiador.
En el plano internacional, Irán también atraviesa un momento complejo. Mantiene vínculos estrechos con Rusia —a quien provee armamento en la guerra contra Ucrania— y se acerca a China, en el marco de un mundo en reconfiguración geopolítica. Al mismo tiempo, Estados Unidos sostiene duras sanciones económicas que impactan de lleno en la economía iraní.
Además, Teherán perdió aliados clave en Medio Oriente y América Latina. El debilitamiento de Hamas y Hezbollah, la caída del régimen de Bashar al Assad en Siria y el posible distanciamiento de Venezuela reducen su margen de maniobra regional. “Irán está perdiendo peso geopolítico”, sintetizó Larker.
Con un país sacudido por la crisis económica, una sociedad que vuelve a desafiar al poder y un régimen que responde con represión, el futuro inmediato de Irán aparece marcado por la incertidumbre. Mientras tanto, el apagón informativo dificulta conocer con precisión la magnitud real de un conflicto que sigue escalando.
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