Investigadores logran producir boga de criadero durante todo el año
El investigador del CONICET y docente de la UNL, Pablo Collins, explicó por LT10 los alcances del cultivo intensivo de boga desarrollado junto al INTA.
La acuicultura argentina suma una alternativa con fuerte impronta productiva y territorial. Ensayos desarrollados por equipos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) confirmaron la viabilidad del cultivo intensivo de boga en sistemas cerrados de recirculación de agua. Esta tecnología permite obtener carne de pescado nativo de calidad comercial sin presionar sobre las poblaciones naturales.
El trabajo se realizó en tanques australianos, con control de temperatura y calidad del agua, donde se evaluó el crecimiento de ejemplares juveniles durante seis meses. Los resultados mostraron una excelente adaptación de la especie y rindes compatibles con un esquema rentable, pensado especialmente para productores agropecuarios que ya cuentan con infraestructura básica en sus campos.
En diálogo con LT10, el investigador del Conicet Pablo Collins explicó que el principal valor del sistema radica en la previsibilidad: “Es seguro porque podemos tener esta boga durante todo el año y también por su calidad. Uno puede asegurar que no va a estar contaminada y que contará con los estándares más altos en relación con la calidad nutricional de la carne”, señaló.
El desarrollo fue posible tras años de trabajo orientado a la producción. “El INTA ha destinado tiempo y personal en desarrollar cuestiones productivas relacionadas con los peces y la acuicultura”, indicó Collins. Detalló que una de las primeras etapas fue definir el rango térmico de alimentación para luego avanzar en el aumento de densidades hasta alcanzar valores "muy interesantes" para un sistema de recirculación.
Eficiencia hídrica y económica
El sistema RAS permite producir con un consumo de agua mínimo. “A diferencia de los cultivos tradicionales, que son grandes piletas, aquí utilizamos muy poca agua”, explicó el investigador. En concreto, se emplean tanques australianos de entre 25.000 y 50.000 litros, donde se crían bogas en altas densidades gracias a un proceso de filtrado que reconvierte los desechos. “El agua puede utilizarse indefinidamente; solo se recarga lo que se evapora”, añadió.
Desde el punto de vista económico, Collins remarcó que se trata de un esquema accesible para productores locales, ya que utiliza materiales habituales en el campo como tanques australianos y media sombra. Esto reduce la inversión inicial y facilita la reconversión de unidades hoy en desuso en zonas agrícolas.
Las densidades logradas refuerzan el atractivo del modelo: “Estamos hablando de producir entre 20 y 25 kilos por metro cúbico”, precisó. A esto se suma la homogeneidad del producto final, ya que al ser el alimento constante, la calidad de la carne no varía según la estación, como ocurre con el pescado de río.
En términos de tiempos, el objetivo es lograr un pez de "tamaño plato" en menos de un año o, a lo sumo, un año y medio. El sistema permite atravesar el invierno una sola vez mediante el uso de invernaderos en la etapa inicial.
Finalmente, Collins subrayó el perfil ambiental: “Esto no tiene contradicciones ecológicas porque es un circuito cerrado; no se vierte agua al ambiente”, lo que lo convierte en un sistema sustentable y de baja huella hídrica. El investigador anticipó que ya existen consultas para aplicar esta tecnología en otras especies, lo que abre una nueva etapa de diversificación productiva basada en ciencia nacional.
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