Quince familias viven dentro de un frigorífico que cerró para evitar su vaciamiento
Los trabajadores decidieron instalarse en la planta para evitar su desguace. Reclaman una solución ante la falta de pago de salarios desde octubre de 2025, pero sobre todo volver a trabajar.
Un grupo de trabajadores y trabajadoras del frigorífico Euro, ubicado en Villa Gobernador Gálvez, junto a sus familias -unas 15 en total- decidió instalarse dentro de la planta para evitar su desguace y reclamar una solución ante la falta de pago de salarios desde octubre de 2025. Entre ellos está Fabiana Carabajal, empleada con 20 años de antigüedad, quien describió una situación “desesperante” y de total abandono empresarial.
“El frigorífico está cerrado y nosotros vivimos acá por turnos. Muchos no pudieron pagar más el alquiler y no nos quedó otra alternativa”, explicó Carabajal. Las oficinas se transformaron en habitaciones improvisadas: escritorios convertidos en camas y el comedor utilizado de noche como dormitorio. “No es nada agradable, pero es lo que tenemos”, señaló por LT10.
Según relató, la empresa pertenece actualmente a una familia, quienes se quedaron con la firma tras un préstamo impago de los antiguos dueños. Desde entonces, denuncian una mala administración que llevó al cierre total de la planta. “Figuramos como trabajadores activos, pero no cobramos un peso. Tampoco pagan la obra social y no nos quieren despedir porque deberían indemnizarnos”, afirmó.
El frigorífico llegó a tener hasta 800 operarios con doble turno y hoy no queda ninguno trabajando. A pesar de ello, los empleados cuidan las instalaciones y la maquinaria. “La empresa está intacta gracias a nosotros. Limpiamos, desinfectamos y mantenemos todo, pero los dueños nunca aparecieron. Abandonaron completamente el predio”, denunció.
Carabajal también cuestionó la falta de respuestas del Estado. “Tuvimos audiencias en el Ministerio de Trabajo, pero los dueños nunca dieron la cara. Se conectaron por Zoom a través de abogados y ni siquiera les cobraban multas que fueran significativas”, sostuvo.
Mientras esperan una solución, las familias subsisten como pueden: las mujeres venden tortas fritas y los varones montaron un lavadero de autos en el predio. Además, reciben ayuda solidaria con alimentos y artículos de limpieza. “Todo suma: mil pesos, lo que sea. Estamos rogando que no se enferme ningún chico porque no tenemos ni para un medicamento”, dijo Fabiana.
El objetivo principal es volver a trabajar. “Queremos que esto se solucione. Si no hay salida, pedimos que se declare la quiebra para poder formar una cooperativa. Necesitamos un sueldo, necesitamos trabajar”, remarcó.
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