Calor nocturno: por qué dormís mal en verano y cómo dormir mejor en casa

El calor altera mecanismos básicos del cuerpo que permiten dormir profundo y sostenido. Qué pasa cuando la temperatura no baja y cuáles son los cambios simples que ayudan a mejorar el sueño en los días más calurosos.

El calor aparece como uno de los principales enemigos del buen dormir durante el verano. Para conciliar el sueño, el cuerpo necesita reducir su temperatura interna y pasar del estado de alerta al de descanso. Cuando la noche no afloja o la humedad es alta, ese proceso se vuelve más lento y el descanso se fragmenta. El resultado suele ser un sueño más liviano, con despertares frecuentes y una sensación de cansancio al día siguiente.

A este factor se le suman los cambios propios de la temporada: cenas más tardías, consumo de alcohol, horarios desordenados y mayor exposición a la luz natural y artificial. Todo eso interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el reloj biológico. Así, el cerebro tarda más en “entender” que es hora de dormir y el descanso pierde calidad.

Dormir poco, vivir peor: cómo el mal descanso afecta la salud

Este fenómeno se conoce como estrés térmico nocturno y no es solo una molestia. El calor sostenido altera los ritmos circadianos y afecta las fases profundas del sueño, incluidas las más reparadoras. Por eso, aunque se pasen varias horas en la cama, es común despertarse con fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarse y somnolencia durante el día. Si se repite durante varias noches, el desgaste se acumula, especialmente en personas mayores o con problemas cardíacos.

Para dormir mejor en verano, pequeños ajustes pueden marcar la diferencia. Ventilar el ambiente temprano para dejar entrar aire más fresco y cerrar antes de acostarse ayuda a conservar una temperatura más baja. Usar ropa de cama liviana y transpirable, como algodón o lino, facilita la evaporación del sudor. También se recomienda cenar liviano y con tiempo, evitar alcohol y cafeína por la noche, y desplazar el ejercicio intenso a otros momentos del día. Una ducha tibia antes de acostarse puede colaborar con la sensación de frescura sin estimular de más al organismo.

Dormir mal por el calor no siempre es algo a lo que haya que resignarse. Cuando el problema se prolonga o impacta en la vida diaria, consultar a un profesional puede ser clave para recuperar un descanso reparador, incluso en pleno verano.