Lo que hacés antes de dormir define tu descanso

No alcanza con apagar la luz. La neuróloga Stella Maris Valiensi explicó qué hábitos, rutinas y condiciones del dormitorio influyen directamente en la calidad del sueño.

Dormir bien no depende solo del momento en que uno se acuesta. Para la neuróloga Stella Maris Valiensi, el descanso se construye a lo largo del día y se consolida en un entorno adecuado. Ritmos regulares, hábitos saludables y un dormitorio preparado son factores determinantes para lograr un sueño profundo y reparador.

En diálogo con LN+, la especialista remarcó que el dormitorio debe ser un espacio pensado exclusivamente para descansar. “Lo mejor para un buen descanso es una habitación oscura, silenciosa y sin pantallas”, explicó, y agregó que la temperatura también cumple un rol clave: un ambiente fresco facilita la relajación previa al sueño y reduce los despertares nocturnos.

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Entre las principales recomendaciones, Valiensi destacó tres pilares que suelen resolver la mayoría de los problemas vinculados al descanso. El primero es la constancia: mantener horarios regulares para acostarse y levantarse ayuda a ordenar el reloj biológico, incluso en personas con insomnio. El segundo es la exposición a la luz solar durante el día, fundamental para regular el ritmo circadiano. El tercero es la actividad física, preferentemente en horarios diurnos.

Sobre el ejercicio, advirtió que entrenar por la noche puede tener el efecto contrario al deseado. La actividad intensa en horarios cercanos a la hora de dormir retrasa el inicio del sueño, por lo que recomendó evitarla y limitar el uso de pantallas durante la última hora del día, favoreciendo un clima de calma y desconexión.

La neuróloga también se refirió al consumo de alcohol y su impacto en el descanso. Si bien puede inducir el sueño, aclaró que lo fragmenta. “No es recomendable consumirlo todas las noches”, señaló, ya que relaja la vía aérea, favorece la apnea del sueño y provoca despertares que interrumpen el descanso profundo.

En cuanto a las vacaciones y la llamada “deuda de sueño”, Valiensi fue clara: no se recupera fácilmente. Solo en casos de privación leve, y sobre todo en personas jóvenes, puede compensarse parcialmente. La falta de sueño crónica, en cambio, tiene consecuencias persistentes sobre la salud.

Finalmente, explicó que la edad también modifica la forma de dormir. Con el paso del tiempo, el ritmo circadiano tiende a adelantarse, lo que lleva a dormirse más temprano, despertarse antes o incorporar siestas. Además, la presencia de dolor u otras patologías puede fragmentar el sueño incluso en personas que antes descansaban sin dificultades.