La historia grande del atletismo argentino perdió a una de sus protagonistas más notables. Gladys Yvonne Erbetta, nacida en Santo Tomé en 1928, falleció a los 97 años y dejó detrás una trayectoria que ayudó a construir el prestigio internacional del deporte femenino argentino en la década del 50.
De Santa Fe al escenario olímpico
Su nombre quedó ligado para siempre a los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, donde se metió entre las mejores del mundo en el salto en largo. Alcanzar una final olímpica en aquellos años no solo era una hazaña personal, sino también un logro colectivo para un país que daba sus primeros pasos firmes en el atletismo femenino de alto nivel.
En esa misma cita integró además la posta 4×100 metros, otra de las pruebas que definirían su carrera.
La dueña del salto sudamericano
Aunque comenzó destacándose en salto en alto y velocidad, fue el salto en largo el terreno donde alcanzó su máximo esplendor. Su consagración definitiva llegó en el Campeonato Sudamericano de 1956 en Santiago de Chile, donde firmó una actuación memorable.
Allí no solo ganó la medalla dorada, sino que estableció un récord sudamericano con 5,88 metros, una marca que simbolizó el techo de su evolución técnica y competitiva. Ese torneo la tuvo también como campeona en los 100 metros llanos y en la posta corta, siendo la gran figura del certamen.
Protagonista panamericana
Su presencia internacional también dejó huella en los Juegos Panamericanos. En Buenos Aires 1951 se subió al podio en salto en alto, y cuatro años más tarde, en México, volvió a brillar al colgarse la medalla de plata en la posta 4×100, estableciendo otro registro sudamericano junto a sus compañeras.
Una campeona integral
Erbetta fue sinónimo de versatilidad. A lo largo de su campaña sumó 13 títulos argentinos, destacándose en pruebas de velocidad, saltos y relevos. Esa capacidad para rendir en distintas disciplinas la convirtió en una atleta distinta, adelantada a su tiempo.
Representó a Santa Fe con orgullo y fue parte de una camada de deportistas que impulsó el crecimiento del atletismo femenino en el país, cuando las estructuras eran mucho más limitadas que las actuales.
Un legado que trasciende generaciones
Más allá de los podios y los récords, su figura quedó asociada a una etapa fundacional del deporte argentino. Fue pionera, referente y ejemplo de constancia en una era donde cada logro requería el doble de esfuerzo.
Su partida marca el cierre de un capítulo dorado, pero su legado seguirá vivo en cada atleta que salte, corra o compita llevando la bandera argentina en el pecho.