Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia: la ciencia en tiempo de desfinancimiento
La prestigiosa investigadora de la UNL y el CONICET, Raquel Chan, dio detalles del presente del sector científico en la Argentina de este febrero de 2026.
El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es una iniciativa impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se conmemora hoy y celebra las contribuciones de las mujeres en la ciencia y sensibiliza sobre la necesidad de que la ciencia y la igualdad de género avancen de la mano para abordar los principales desafíos mundiales.
Este día se estableció en 2015, mediante la Resolución 70/212 de la Asamblea General de la ONU, con el objetivo de promover el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia de las mujeres y niñas en pos de la igualdad y la lucha contra la brecha de género.
El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia invita a visibilizar vocaciones y trayectorias históricamente relegadas y, en ese marco, especialistas advierten que, además de las brechas en cargos jerárquicos, salarios y condiciones laborales, persisten desigualdades vinculadas a la forma en que se produce el conocimiento científico.
La prestigiosa investigadora de la UNL y el CONICET, Raquel Chan (creadora de la tecnología HB4 de tolerancia a la sequía), brindó una entrevista cruda y reflexiva sobre el presente del sector científico en la Argentina de este febrero de 2026.
Si bien destacó que nuestro país es un modelo regional en cuanto a la paridad de género en el número de investigadores y becarios, advirtió que el problema actual trasciende el género: la ciencia argentina atraviesa una crisis estructural profunda marcada por el desfinanciamiento y, fundamentalmente, por un cambio de paradigma en el trato estatal.
Chan aclaró la confusión común sobre la inversión privada. Explicó que las empresas financian la aplicación de conocimientos ya existentes (tecnología), pero que la ciencia básica (aquella que observa "por qué cae la manzana") es potestad casi exclusiva del Estado. "Sin ciencia previa, no hay nada que aplicar; nos quedaríamos vendiendo materia prima y comprando espejitos de colores", sentenció.
La investigadora señaló que, aunque ha pasado por muchas crisis económicas, esta es la primera vez que percibe un maltrato deliberado hacia el sector. "Hemos pasado por falta de dinero, pero nunca por el ninguneo y el mensaje de que la ciencia no sirve o somos todos ñoquis", expresó con preocupación.
Advirtió que la caída de los sueldos y la falta de incentivos están provocando renuncias masivas. Mencionó que en facultades de la UBA (como Exactas) ha renunciado cerca del 30% de los doctores. Esto afecta la calidad educativa, ya que "no es lo mismo un docente que crea conocimiento que uno que solo transmite lo que lee en un libro".
Criticó la tendencia a importar reglamentaciones de otros países (como en el caso de la carne o medicamentos) sin pasar por el filtro de los expertos locales como el SENASA. "Ningún país aceptaría nuestras reglas, pero nosotros estamos aceptando las de otros", advirtió sobre la pérdida de soberanía técnica.
A pesar del panorama sombrío, la Dra. Chan se definió como una optimista nata. Confía en que la masa crítica de científicos que aún queda en el país será capaz de resistir y revertir la situación cuando el ciclo político cambie. Sin embargo, dejó una advertencia clara: lo que se destruye hoy en el sistema científico no se reconstruye en dos días; la formación de un investigador lleva décadas.