Con locales abiertos, el comercio busca esquivar otro día perdido
Referentes del sector mercantil confirmaron que la mayoría de los negocios intentará trabajar pese a la medida de fuerza. La caída de ventas por el clima y el impacto de los feriados recientes profundizan la preocupación en Santa Fe.
En una semana atravesada por feriados, lluvias intensas y el paro general, el comercio santafesino enfrenta un escenario límite para sostener la actividad. Con un consumo retraído y márgenes cada vez más ajustados, perder una jornada completa de ventas representa un golpe directo para un sector compuesto, en su gran mayoría, por pymes.
En ese contexto, tanto desde la asociación de Aristóbulo del Valle como desde el Centro Comercial de Santa Fe coincidieron en que la decisión predominante será abrir las puertas, aun con dificultades para el traslado de empleados y clientes, y con un movimiento que estará lejos de un día habitual.
Impacto del clima
Sobre la principal avenida comercial de la ciudad, la postal de la mañana estuvo marcada más por el agua acumulada que por el paro. Georgina Schiavi señaló que, en estos momentos, la mayoría de los locales están cerrados «no por el paro, sino por lo que cuesta llegar», y describió que muchos comerciantes directamente tuvieron que volver a sus casas porque no podían atravesar las calles anegadas.
La expectativa es que la actividad se normalice con el correr de las horas: «Aristóbulo está abierto normalmente, todos los comercios. Ahora hay dificultades por la llegada, como tiene casi toda la ciudad», añadió Schiavi.
Las zonas críticas vuelven a ser las mismas cada vez que llueve fuerte: Padre Genesio, Alberdi y Espora aparecen entre los puntos donde el agua se acumula con mayor rapidez y condiciona tanto la apertura de los locales como la circulación. A eso se suma que, aun cuando los negocios logren abrir, el movimiento será bajo porque «la gente se cuida de salir a la calle».
El factor económico
Desde el Centro Comercial, Fabián Zanutigh —director ejecutivo de la entidad— puso el foco en el impacto económico que tiene cada día sin facturación. «Un día que no te permita facturar significa mucho en el contexto en el que estamos», planteó, y recordó que febrero es un mes más corto y que la actividad venía resentida por los feriados de carnaval. En términos concretos, el paro queda en medio de una semana con menos días hábiles: «Serían tres de cinco los días que tendríamos cerrado».
La decisión de abrir implica una logística extra. Algunos comerciantes organizaron el traslado de sus empleados para garantizar la atención, mientras que otros trabajarán con planteles reducidos. Aunque el derecho de los trabajadores a adherir a la medida está contemplado, la voluntad general es sostener la actividad. «La mayoría tomó la decisión de abrir las puertas y tratar de hacer de esto un día normal», resumió.
Con ventas que dependen del día a día, el comercio santafesino enfrenta una jornada atípica en la que el objetivo principal no es crecer, sino evitar perder más terreno.
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