Por qué conviene poner papel de cocina debajo de la carne en la heladera
Colocar una hoja absorbente en la heladera evita derrames, reduce la contaminación cruzada y simplifica la limpieza diaria. Es un hábito simple que ayuda a conservar mejor los alimentos y mantener el orden.
En muchas cocinas argentinas se repite un consejo práctico y efectivo: poner papel de cocina debajo de la carne cruda antes de guardarla en la heladera. Aunque parezca un detalle menor, el gesto tiene impacto directo en la higiene, la conservación y la organización de los alimentos.
La clave está en su capacidad de absorción. El papel retiene los jugos que la carne libera con el frío y evita que esos líquidos se esparzan por la bandeja o entren en contacto con otros productos, especialmente los que se consumen sin cocción, como frutas o verduras.
Una barrera contra la contaminación cruzada
El papel funciona como un método casero para disminuir riesgos sanitarios. Al contener los líquidos, limita la posible propagación de bacterias como la Salmonella o la E. coli dentro de la heladera. No reemplaza la cocción ni la limpieza, pero suma una protección extra en la manipulación diaria.
Para aplicarlo correctamente se recomienda:
- Usar un recipiente limpio.
- Colocar una o dos hojas de papel de cocina en la base.
- Apoyar la carne encima y cubrir con film o tapa.
- Cambiar el papel cuando esté húmedo.
No es conveniente sustituirlo por telas o servilletas reutilizables sin lavar, ya que acumulan humedad y pueden transformarse en un foco de contaminación.
Más frescura y menos olores
Además de la seguridad alimentaria, este hábito ayuda a mantener la carne en mejores condiciones durante su almacenamiento y evita los olores fuertes que suelen impregnar el interior de la heladera.
También facilita la limpieza cotidiana: al desechar el papel, la bandeja queda mucho más seca y requiere menos tiempo de lavado.
Un complemento, no un reemplazo
- El uso de papel absorbente no sustituye las normas básicas de manipulación segura:
- Separar alimentos crudos de los cocidos o listos para consumir.
- Lavarse las manos y los utensilios después de tocar carne cruda.
- Cocinar a la temperatura adecuada.
Se trata, en definitiva, de un recurso simple, económico y accesible que mejora la conservación de los alimentos y reduce riesgos en la cocina diaria.
Un gesto mínimo que se traduce en una heladera más limpia, menos olores y una rutina más segura al momento de cocinar.