Cuando ruge el Brigadier López, Colón responde ante la adversidad
Con más de 30.000 socios y un estadio desbordado, el Sabalero transformó un partido adverso en una muestra de carácter: empató 1-1 ante Ferro
No fue una noche sencilla. Fue una prueba y Colón la atravesó con el corazón en la mano y el estadio como aliado. El 1-1 frente a Ferro no quedará en los libros como una hazaña futbolística, pero sí como una declaración de identidad.
El Sabalero arrancó con la gran oportunidad de abrir el marcador desde los 12 pasos. Alan Bonansea tomó la responsabilidad, pero el grito quedó ahogado por el arquero Fernando Monetti. Como si el destino quisiera agregarle dramatismo, el equipo terminó viendo cómo el rival golpeaba primero. Ahí se puso en juego algo más que el resultado.
Desde el banco, Ezequiel Medrán movió fichas y el equipo cambió el pulso. Más intensidad, más decisión, más riesgo. Pero el envión no nació solo desde lo táctico: bajó desde las tribunas. El Brigadier López volvió a ser ese escenario que empuja, que presiona, que contagia. Un jugador más.
No es casualidad. En la previa se celebró haber superado la barrera de los 30.000 socios. Un número que explica por qué, aún en momentos incómodos, Colón no se entrega. Porque cuando parece tambalear, hay una multitud que lo sostiene.
El empate no tuvo sabor a victoria, pero sí a reacción. Tras fallar un penal y quedar en desventaja, el equipo no perdió la compostura ni la fe. Fue al frente, insistió y encontró su recompensa.