Los trabajadores saltean una comida para llegar a fin de mes
Hasta el 20% de los salarios se van en almuerzos. El 60% de los trabajadores admite saltear comidas y crece la tendencia de llevar "sobras" en viandas.
La licuación de los salarios y el brutal encarecimiento del costo de vida están forzando a los trabajadores a tomar decisiones extremas sobre sus hábitos más elementales. La crisis económica ya no solo recorta gastos superfluos, sino que golpea directamente en la mesa de los trabajadores, donde alimentarse de manera adecuada se volvió un lujo inalcanzable para muchos.
Así lo demuestra el crudo Informe Técnico 2026 sobre "La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina", elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA en conjunto con Edenred. El documento expone que la calidad nutritiva de los menús laborales se desplomó y revela una estadística alarmante: seis de cada diez trabajadores saltean alguna comida, y un 15% lo hace de manera regular por falta de presupuesto.
La situación es tan crítica que el 80% de los encuestados confesó haber empeorado la calidad de su alimentación por cuestiones económicas y reclama que los empleadores asuman parte del costo del almuerzo diario.
El drama de los trabajadores pobres
Para quienes no cuentan con comedor en planta o no pueden llevarse comida desde sus casas, almorzar en la calle se convirtió en una trampa financiera que devora gran parte del salario mensual.
Un relevamiento realizado por el canal C5N en los alrededores de la estación Retiro dejó en evidencia las escasas (y poco nutritivas) opciones que los trabajadores encuentran por menos de $10.000:
Menos de $5.000: Alcanza apenas para un súper pancho con papas y gaseosa ($4.500) o un par de empanadas.
Entre $5.000 y $10.000: Se puede acceder a promociones de dos porciones de pizza con bebida (rondando los $8.000), un cuarto de tarta o un combo básico en locales de comida rápida de pollo ($6.500). También se ofrecen opciones más caseras como pastel de papas ($8.000) o albóndigas con arroz ($8.500), aunque en porciones medidas.
Más de $10.000: Es el piso necesario para sentarse a comer el plato del día en un restaurante promedio (alrededor de $14.000).
El impacto en los salarios: comer absorbe hasta el 20% del sueldo
La desconexión entre los precios de la comida rápida y los ingresos de los trabajadores es abismal. Teniendo en cuenta que el salario promedio actual ronda 1.000.000 de pesos (promediando a los trabajadores formales que perciben cerca de 1,5 millones y a los informales que ganan apenas la mitad), el gasto en almuerzos destroza el poder adquisitivo mensual:
Si un empleado gasta $4.000 diarios (solo para comer un pancho), destina $80.000 al mes, es decir, casi el 8% de un sueldo promedio.
Si el gasto sube a $5.000 por día, el impacto mensual llega a los $100.000, consumiendo el 10% del salario.
Si el trabajador intenta mejorar su alimentación y gasta $10.000 diarios (para comprar una porción de comida elaborada), el gasto mensual se dispara a $200.000, arrebatándole el 20% de su sueldo únicamente en el almuerzo de lunes a viernes.
Ante esta cruda realidad, no sorprende que el 38% de los asalariados haya optado por llevarse su propia comida desde casa, muchas veces reciclando las "sobras" de la cena del día anterior como único recurso para esquivar los altos costos de la calle y lograr que el dinero les alcance para llegar a fin de mes.