Reclaman por tareas de mantenimiento en el Convento de Santo Domingo
Ubicado en el casco histórico de Santa Fe, el complejo sufre el deterioro de 120 años sin mantenimiento integral. Desde el grupo "Amigos del Convento" advierten que la reparación costaría decenas de millones de pesos y reclaman la colaboración de la comunidad y el Estado.
El Convento y la Iglesia de Santo Domingo representan uno de los hitos arquitectónicos y religiosos más importantes de la ciudad de Santa Fe. Sin embargo, su valor patrimonial contrasta hoy con un presente de grietas, revoques caídos y una lucha desigual contra el paso del tiempo.
En diálogo con LT10, Dalmiro Saux, referente de los ciudadanos que colaboran con el mantenimiento del lugar, explicó que aunque los dominicos llegaron a la región a principios del 1600, las estructuras actuales datan de comienzos del siglo XX: el templo se terminó hacia 1906 y el convento cerca de 1910.
Un siglo sin obras de fondo
"Son 120 años sin prácticamente ningún mantenimiento integral. El paso de colectivos y tranvías por calle 9 de Julio generó vibraciones y rajaduras durante décadas", señaló Dalmiro. Si bien aclaró que no detectan problemas estructurales graves que pongan en riesgo el edificio, la situación de los revoques y la fachada es crítica.
El interior del convento, donde residían los frailes, es la zona más afectada. Tras la partida de los últimos dominicos entre 2021 y 2022, el complejo quedó bajo un comodato con el Arzobispado. "Al haber poca gente habitando una casa tan vieja, el deterioro se acelera", advirtió.
¿Quién debe pagar la restauración?
La pregunta sobre la responsabilidad de los fondos es compleja. Aunque el edificio tiene protección patrimonial, la realidad económica dista de la teoría legal. "Existe la concepción de que la Iglesia es rica, pero es rica en monumentos, no en dinero. Históricamente, estos templos se hicieron con el aporte de particulares", recordó el entrevistado.
Si bien existe una Comisión Nacional de Monumentos que debería velar por estos sitios, en la práctica el mantenimiento recae sobre los fieles y la comunidad. Según Dalmiro, "poner en valor el edificio hoy costaría decenas de millones de pesos", una cifra inalcanzable para el pequeño grupo que hoy colabora "a pulmón".
Ayuda "a pulmón" para paliar la emergencia
Desde el grupo de voluntarios realizan tareas de mantenimiento básico para mejorar la calidad de vida del único sacerdote que reside allí y preservar lo inmediato. "Pusimos una red antipalomas en la fachada porque era un bombardeo, arreglamos membranas donde se llovía, mejoramos la instalación eléctrica y el sonido", enumeró.
Pese a que el municipio y la provincia cuentan con relevamientos del estado del edificio desde hace años, las obras de fondo siguen pendientes. "Estamos lejísimos de una reparación integral; es imposible sin un aporte estatal o de empresas privadas de gran escala", concluyó.
Audio: Dalmiro Saux
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