Aceite vegetal usado: el contaminante silencioso del agua
En una entrevista con LT10, Antonella Druetta advirtió sobre el impacto del aceite vegetal descartado en las cañerías. Señaló que el problema es masivo en Argentina y requiere cambios urgentes en las prácticas domésticas.
El cuidado del agua volvió al centro de la escena tras el Día Mundial del Agua y puso el foco en un contaminante cotidiano pero poco visible: el aceite vegetal usado (AVU). En este contexto, la entrevista realizada por LT10 a Antonella Druetta, responsable de Sustentabilidad de DH-SH, expone un problema ambiental que crece silenciosamente y tiene un impacto directo en los ríos y sistemas de saneamiento.
El dato es contundente y marca la dimensión del problema en el país: en Argentina se desechan más de 100 millones de litros de aceite vegetal usado por año y el 90 % proviene de los hogares. Es decir, no se trata solo de grandes industrias o restaurantes, sino de prácticas cotidianas que se repiten en miles de viviendas.
La especialista planteó que el principal inconveniente es la falta de regulación y de información. "Carece de un marco general regulatorio a nivel nacional... cada provincia mantiene su propio reglamento", describió, lo que complica una gestión eficiente del residuo. A esto se suma que muchas veces el tema queda relegado: "Es un tema que por ahí queda último en la agenda y es necesario que lo tratemos urgentemente".
Impacto en la infraestructura y el ambiente
En la práctica, el problema comienza en la cocina. El hábito de tirar el aceite por la bacha genera consecuencias que no siempre se perciben de inmediato. "El aceite no va a desaparecer, no se va a diluir en el agua", explicó en diálogo con nuestra emisora, y detalló que ese residuo recorre las cañerías, se acumula y finalmente termina en cursos de agua.
Ese recorrido tiene efectos concretos: "Con las bajas temperaturas se empieza a solidificar… hay incrustaciones también de materia orgánica", señaló. Esto no solo afecta la infraestructura, sino que también favorece la aparición de plagas como roedores e insectos.
Sin embargo, el impacto más grave se da a nivel ambiental: "Tarde o temprano esto va a terminar en el río… que también es agua que después tengo que tratar muchas veces para tomar".
La contradicción de contaminar el propio recurso
La contradicción es clara y expone el problema de fondo. "Es medio contradictorio contaminar mi propio recurso que después voy a pagar para que una empresa lo termine de potabilizar", planteó Druetta, marcando la necesidad de intervenir desde el origen.
Otro de los puntos clave de la entrevista es la percepción social del problema. Aunque muchas personas consideran que el volumen que generan es mínimo, los números indican lo contrario. "Son dos litros y medio por persona por año en promedio", explicó, lo que multiplicado por la población transforma un gesto cotidiano en un problema masivo.