50 años del golpe, rock, folklore y tango sostienen la memoria

En plena dictadura, la música fue refugio, denuncia y resistencia frente a la censura. A medio siglo del quiebre institucional, distintos géneros siguen siendo parte central de la memoria colectiva argentina.

La música funcionó como un canal de resistencia durante la última dictadura militar, en un contexto donde la censura, las listas negras y el exilio buscaron silenciar cualquier expresión crítica. Lejos de desaparecer, los distintos géneros encontraron formas propias de decir lo que no se podía.

El rock: metáforas para esquivar la censura

El rock nacional fue uno de los lenguajes más efectivos para burlar los controles del régimen. A través de letras cargadas de metáforas, logró describir el clima de época sin exponerse directamente a la prohibición.

Charly García, con Serú Girán, fue una figura central en ese proceso. En "Canción de Alicia en el país", utilizó recursos literarios para aludir a la represión y las desapariciones.

Los recitales también funcionaron como espacios de encuentro. Miles de jóvenes se reunían en lugares como el estadio de Obras o el Luna Park para compartir algo más que música: una forma de resistencia colectiva. En ese mismo camino, Luis Alberto Spinetta sostuvo una obra poética que ofrecía una alternativa simbólica frente a la violencia cotidiana.

Por su parte, León Gieco tendió un puente entre el rock y lo popular. Su canción "Solo le pido a Dios" se convirtió en un himno que sobrevivió incluso a intentos de censura y que, con el tiempo, trascendió generaciones.

El folklore: exilio, censura y resistencia popular

El folklore fue uno de los géneros más perseguidos por su vínculo con las identidades populares y los reclamos sociales. Muchos de sus referentes fueron silenciados, detenidos o forzados al exilio.

Mercedes Sosa representa el caso más emblemático. Fue detenida en pleno recital en 1979 y debió abandonar el país. Desde el exterior, su voz se transformó en una referencia internacional en defensa de los derechos humanos. Su regreso, ya en los años finales de la dictadura, tuvo un fuerte impacto simbólico, especialmente con interpretaciones como "Como la cigarra".

También Horacio Guarany fue blanco directo de la persecución. Sus canciones circularon de forma clandestina y se convirtieron en banderas culturales. Temas como "Si se calla el cantor" sintetizaron el rol del arte como herramienta frente al silencio impuesto.

Entre la ironía y el silencio: otros lenguajes bajo presión

En un escenario de fuerte control cultural, algunas expresiones optaron por caminos más indirectos. María Elena Walsh utilizó la ironía y la metáfora para cuestionar el autoritarismo, tanto en canciones como en textos periodísticos que denunciaban el clima de época sin nombrarlo de forma explícita.

El tango, en cambio, atravesó un proceso distinto. Tradicionalmente ligado a los sectores populares, fue despojado de parte de su identidad crítica. La dictadura intentó "ordenarlo" dentro de una visión más conservadora de la cultura, lo que terminó alejándolo de las nuevas generaciones.

Aun así, figuras como Astor Piazzolla lograron sostener su vigencia desde la innovación, mientras que otros artistas resistieron de manera más silenciosa.

Memoria viva

A 50 años del golpe, la música sigue siendo un archivo emocional de aquella época. Las canciones que circularon en la clandestinidad o bajo censura hoy forman parte de la memoria colectiva y funcionan como una advertencia activa: recordar no es solo mirar el pasado, sino sostener en el presente los valores democráticos.