Cómo impacta el aumento de la nafta en el bolsillo santafesino
Cargar el tanque de un vehículo es cada vez más costoso y obliga a cambiar hábitos de consumo. En Santa Fe, los vecinos cuentan cómo ajustan gastos, usan menos el auto o cargan "de a poco" para llegar a fin de mes.
Llenar el tanque se volvió un gasto difícil de sostener y cada vez más santafesinos ajustan su rutina para poder seguir moviéndose. El aumento sostenido de los combustibles ya impacta de lleno en el día a día, con cambios concretos en la forma de usar el auto o la moto.
Un relevamiento del móvil de LT10, a cargo de Valentín González, reflejó distintas estrategias que adoptan los vecinos para afrontar los costos. “Lleno el tanque de la moto y gasto unos 20.000 pesos, pero hay meses que tengo que cargar dos veces”, contó uno de los consultados, quien utiliza el vehículo principalmente para ir a trabajar.
Otros reconocen que ya no pueden completar el tanque como antes. “Hoy cargué 15.000 porque no llego. Tengo que priorizar otras cosas y voy poniendo de a poco, día por medio”, explicó otro usuario, evidenciando una de las prácticas que más se repite: fraccionar la carga.
El impacto también se siente en quienes tienen auto. “Cargar 40.000 pesos ya es normal, pero cada vez alcanza menos”, señalaron. En muchos casos, la respuesta es reducir el uso: “Optimizo los viajes, junto todo en una sola salida y trato de usarlo lo menos posible”, relató un vecino que vive en las afueras de la ciudad.
El cambio de hábitos también incluye resignar calidad de combustible. “Cuando puedo cargo premium; si no, súper”, admitió uno de los entrevistados. Otros directamente dejaron de elegir y cargan donde les queda de paso, sin buscar precios.
Más allá de las diferencias, el diagnóstico es común: los ingresos no acompañan. “Se siente mucho. Con los mismos ingresos, cualquier gasto extra te desordena el mes”, resumió otro de los testimonios.
En ese contexto, el uso del vehículo dejó de ser automático y pasó a ser una decisión medida. Menos salidas, cargas más pequeñas y planificación de recorridos son parte de una nueva lógica que se instala en Santa Fe, marcada por el impacto directo del precio del combustible en el bolsillo cotidiano.
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