Méndez: "Lo más doloroso fue no decirle al plantel que me iba a Vélez"

El Gallego volvió a hablar de su comentada salida de Unión hacia el Fortín, resaltó que "no fue por dinero" y que antes de aquella a goleada a Independiente en Santa Fe "ya sabía" que se iba. Video

No fue una salida más. Fue una ruptura. Y cada vez que Sebastián Méndez vuelve sobre ese momento, la historia se reabre con más matices y menos grises. Su partida de Unión hacia Vélez no solo sacudió al mundo tatengue: también lo dejó expuesto a una tormenta interna que, según reconoce, lo desbordó.

Todo empezó con un mensaje que alteró el curso de los días. Fernando Pandolfi fue el nexo inesperado, el que le avisó que del otro lado lo buscaban con urgencia. Detrás, Christian Bassedas empujaba fuerte. “Vélez llama una o dos veces nomás”, sintetizó Méndez, dejando en claro que la oportunidad venía con fecha de vencimiento.

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Lo que siguió no fue lineal. Fueron días ásperos, cargados de dudas, donde lo profesional chocó de frente con lo emocional. Porque no era un club más: era el equipo del que es hincha. “Estaba desesperado, la pasé muy mal”, reconoció, sin rodeos.

La escena más cruda, quizás, se dio en pleno triunfo ante Independiente. Aquella tarde en Santa Fe, con el 3-0 consumado y la gente celebrando, Méndez ya sabía que su ciclo tenía fecha de vencimiento. Mientras las tribunas explotaban de alegría, él convivía con una certeza incómoda: estaba por irse en el mejor momento. “Veía a la gente exultante y cantando… y yo me iba”, resumió, en una imagen que grafica toda la contradicción.

Después vino lo más difícil: mirar a los jugadores a los ojos. La despedida fue real, pero incompleta. Les comunicó que se iba, aunque no pudo decirles el destino. “Lo más doloroso fue no poderle al plantel que me iba a Vélez, porque no estaba cerrado”, explicó. Un adiós a medias, de esos que dejan ruido.

En medio de las críticas que nunca se apagaron, también quiso desactivar una idea instalada: la de una decisión económica. Méndez fue tajante. Aseguró que no negoció dinero en el primer contacto y que su motivación fue deportiva: asumir el desafío de sacar a Vélez de una situación límite.