“Ser tu propio jefe”: la trampa detrás del nuevo mundo laboral

El sociólogo Diego Pereyra analizó por LT10 cómo cambiaron las formas de trabajo, las relaciones laborales y la construcción de identidad en las últimas décadas. Advirtió sobre la precarización detrás de las plataformas digitales y la falsa idea de libertad.

Las transformaciones del trabajo atraviesan cada vez más la vida cotidiana. El avance de las plataformas digitales, el home office, la fragmentación laboral y la necesidad de tener más de un empleo modificaron no solo la economía, sino también la forma en que las personas organizan su tiempo, construyen vínculos y piensan su futuro. 

En diálogo con LT10, el sociólogo y docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL, Diego Pereyra, analizó los cambios culturales y económicos que atraviesan al mercado laboral y advirtió que, detrás de conceptos como “ser tu propio jefe”, muchas veces se esconde una nueva forma de precarización. 

¿Alcanza la reforma laboral para crear empleo?

“El mundo del trabajo organizaba nuestras vidas y nuestras identidades muy fuertemente, porque era la forma en que los seres humanos se conectaban con los otros”, explicó. Sin embargo, señaló que esa lógica empezó a modificarse y hoy las identidades se construyen más desde los espacios de ocio que desde el empleo. 

Pereyra sostuvo que el mercado laboral actual se volvió “fragmentado” y “más desigual”, incluso entre personas que realizan las mismas tareas. “Hoy la desigualdad salarial, aunque ocupemos el mismo trabajo y trabajemos uno al lado del otro, hace que cobremos diferente”, afirmó. 

Durante la entrevista, el especialista remarcó que una de las principales diferencias respecto de décadas anteriores es que se rompieron los límites entre trabajo y vida personal. “Antes estaba mucho más claro el momento del trabajo y estaba separado del ocio. Hoy nosotros estamos las 24 horas haciendo ocio y las 24 horas trabajando”, describió. 

En ese sentido, explicó que el auge del trabajo remoto y de las plataformas digitales transformó completamente las rutinas. “Trabajamos en nuestras casas y eso cambió nuestra relación con la realidad, con el conocimiento y con nosotros mismos”, sostuvo. 

Uno de los puntos centrales de la charla fue el fenómeno de la llamada “uberización” del trabajo. Pereyra cuestionó la idea de libertad asociada a las aplicaciones de reparto y transporte y aseguró que, detrás del discurso del emprendedurismo, existe una dependencia cada vez mayor. 
“Se fortalece la idea de la libertad, pero es una libertad muy engañosa, muy tramposa”, afirmó. Y agregó: “Los trabajadores son dueños de la bicicleta o del auto, pero no tienen control sobre su propio trabajo porque son esclavos de lo que el algoritmo les dice”. 

Pereyra también cuestionó el uso generalizado del concepto de emprendedorismo y advirtió que muchas veces se equiparan situaciones completamente distintas. “No es lo mismo el emprendedor barrial que vende artesanías por Instagram que Galperin con Mercado Libre”, ejemplificó. 

“Una familia que empezó a vender facturas desde su casa para sobrevivir no puede ser puesta en la misma categoría que un empresario multimillonario”, remarcó, y aseguró que el cuentapropismo muchas veces “es un trabajo de supervivencia”. 

El docente universitario señaló además que el mercado laboral actual exige una capacitación constante mientras crece la inestabilidad y disminuyen las certezas. En ese contexto, destacó que muchos jóvenes ya no buscan permanecer durante años en un mismo empleo y priorizan otras formas de vida y organización personal. 

Sin embargo, alertó sobre las consecuencias sociales de esa transformación y sobre la falta de empleos de calidad. “Lo que tenemos que defender es el derecho a un trabajo digno”, afirmó. 

Sobre el final de la entrevista, Pereyra puso el foco en otro fenómeno que considera clave: el crecimiento económico sin generación de empleo de calidad. Como ejemplo, mencionó al sector petrolero. “Hay más empleadas domésticas en la Argentina que empleados del sector petrolero”, explicó. 

“Si le va bien al petróleo, le va bien a 150.000 trabajadores; pero si no mejoramos los ingresos de las empleadas domésticas, seguimos empobreciendo a gran parte de la población”, concluyó en diálogo con LT10.