Por qué podrías no estar sonándote bien la nariz y que te podría pasar
Especialistas advirtieron que una práctica cotidiana y aparentemente inofensiva puede provocar molestias, inflamación e incluso infecciones.
La congestión nasal suele aparecer con los resfríos, las alergias o los cambios bruscos de temperatura y, frente a esa molestia, millones de personas recurren automáticamente al pañuelo. Sin embargo, especialistas en alergias y otorrinolaringología advierten que sonarse mal la nariz puede empeorar los síntomas y generar otros problemas de salud.
Uno de los errores más frecuentes es soplar con demasiada fuerza. Aunque muchas personas creen que así logran despejar más rápido las vías respiratorias, el exceso de presión puede empujar la mucosidad hacia zonas internas de la nariz y provocar inflamación en los senos paranasales. Incluso puede aumentar el riesgo de sinusitis o molestias en los oídos.
Otro hábito incorrecto es sonarse ambas fosas nasales al mismo tiempo. Según explican los especialistas, esto incrementa la presión dentro de la cavidad nasal y puede afectar estructuras cercanas, como la trompa de Eustaquio, vinculada al oído medio. En algunos casos extremos, esta presión llegó a provocar lesiones en el tímpano.
Además, los médicos remarcan que tampoco es recomendable dejar acumular mucosidad durante varios días. La congestión persistente dificulta la respiración, afecta el descanso y favorece la aparición de infecciones respiratorias.
La higiene también juega un papel clave. Utilizar varias veces el mismo pañuelo o no lavarse las manos antes y después de sonarse facilita la circulación de virus y bacterias. A eso se suma el roce constante de papeles ásperos sobre la piel, que puede causar irritación, ardor y enrojecimiento alrededor de la nariz.
Cómo sonarse correctamente
La técnica recomendada es simple: limpiar una fosa nasal por vez. Para eso, se debe tapar suavemente uno de los lados de la nariz mientras se expulsa aire por el otro, sin hacer demasiada fuerza. Luego se repite el procedimiento del lado contrario.
También aconsejan utilizar pañuelos descartables suaves, desecharlos inmediatamente después de usarlos y lavarse bien las manos.
Antes de sonarse, una compresa tibia sobre la cara o el vapor de una ducha caliente pueden ayudar a aflojar la mucosidad. Otra opción efectiva son los aerosoles de solución salina, que humedecen las fosas nasales y alivian la obstrucción sin generar dependencia.
En el caso de los chicos, los pediatras recomiendan enseñar la técnica cuando están sanos y relajados, incluso mediante juegos. Para los bebés, existen aspiradores y peras nasales específicas, aunque deben higienizarse correctamente después de cada uso.
Qué hacer cuando la congestión no se va
Los especialistas sugieren mantener una buena hidratación para fluidificar el moco y facilitar su eliminación. El agua, las infusiones calientes y los caldos ayudan en ese proceso.
Los humidificadores también pueden ser útiles en ambientes secos o calefaccionados, mientras que los lavados nasales con solución salina permiten limpiar las fosas nasales y reducir la irritación. En estos casos, recomiendan usar únicamente agua destilada o previamente hervida.
Por otra parte, advierten que los descongestionantes nasales de venta libre no deben utilizarse más de tres a cinco días seguidos, ya que pueden generar “efecto rebote” y empeorar el cuadro.
Si aparecen síntomas como fiebre, dolor facial intenso, presión persistente o dificultades para respirar, lo más aconsejable es consultar a un médico clínico, alergólogo u otorrinolaringólogo.