El argentinos del crucero con hantavirus contó su experiencia por LT10
Carlos Ferello dialogó por LT10 desde Países Bajos, donde cumple una estricta cuarentena. Relató cómo fueron los días en alta mar, el temor a no poder desembarcar y el aislamiento que todavía atraviesa en un hotel.
El viaje había comenzado como una travesía soñada por algunas de las islas más remotas del mundo. Navegación, paisajes extremos y escalas difíciles de repetir marcaron el recorrido que emprendió el argentino Carlos Ferello. Pero lo que empezó como una experiencia turística terminó transformándose en una situación sanitaria inédita: varios pasajeros comenzaron a presentar síntomas, hubo fallecidos a bordo y el barco quedó atravesado por un protocolo de emergencia que obligó a redefinir el final del viaje.
Desde Ámsterdam, donde permanece aislado en un hotel, Ferello habló este martes con LT10 y relató cómo fueron aquellos días dentro del crucero y cómo vive ahora una cuarentena estricta lejos de Argentina.
Los primeros síntomas en alta mar
El primer caso apareció durante la navegación y, según contó, al principio nadie imaginó que se trataba de hantavirus.
"Cuando se enferma el primero, el primer pasajero que era un holandés, presentaba síntomas como si fuese de una gripe fuerte, después con complicaciones estomacales, intestinales, todo eso y bueno, termina con la muerte. Pero nadie sospechaba que era el virus", recordó Ferello.
En ese momento el barco se encontraba cerca de Tristán de Acuña, uno de los lugares habitados más aislados del planeta. La ubicación complicó cualquier alternativa inmediata. "No había posibilidades de bajar. Así que tuvimos que seguir navegando hasta la isla Santa Elena", contó.
Allí desembarcaron al pasajero fallecido y también a su esposa, quien fue derivada a Johannesburgo, donde murió horas después. Fue entonces cuando comenzaron las sospechas más firmes. "Ahí se empieza a sospechar un poco de que era ya mucha casualidad, que no era algo fortuito", relató el pasajero.
La confirmación llegó mientras el barco seguía viaje rumbo a Cabo Verde. "Confirman de Johannesburgo que era hantavirus", explicó.
Conmoción a bordo y barbijo obligatorio
A partir de ese momento el panorama cambió por completo. El destino final del viaje era Cabo Verde, pero tampoco pudieron desembarcar con normalidad. "La verdad que estábamos mal porque ya hacía 30 días que estábamos navegando, yo ya tenía los pasajes de vuelta, todo, y bueno, ahí decidieron no bajarnos", reconstruyó.
Durante esos días a bordo se modificaron rutinas y comenzaron las medidas preventivas.
"Nos dijeron que tratáramos de no estar agrupados ni juntos, mantenerse separados y siempre con barbijo", explicó.
Ferello aseguró que atravesó ese momento con calma y sin temor a haberse contagiado. "No, miedo no. Yo siempre pensé que no me iba a contagiar porque no tenía un contacto estrecho con la gente", sostuvo.
Además, aclaró que viajó por cuenta propia, sin integrar los grupos de especialistas en observación de aves que formaban buena parte de la expedición: "Me gusta navegar. Era conocer esas islas", resumió. En el recorrido había pasado por Ushuaia, Georgia del Sur, Tristán de Acuña y Santa Elena. "Era eso", dijo.
Controles diarios del Gobierno neerlandés
Hoy la experiencia es muy distinta. Desde que llegó a Ámsterdam cumple una cuarentena estricta, prácticamente en soledad.
"Estoy en un hotel que lo han acondicionado especial. Yo soy el único pasajero, el resto de la gente que está acá es parte de la tripulación", explicó por la radio.
El aislamiento tiene controles sanitarios diarios y contacto limitado con el exterior. "Te dejan todo en un banquito afuera, no te limpian la habitación, nada. Te cambian una vez por semana, te dan para que cambies la sábana, las toallas", describió.
También dio detalles del seguimiento que realiza el Ministerio de Salud neerlandés. "Todas las mañanas me llega un mail del Ministerio de Salud de acá. Yo me tengo que tomar la temperatura dos veces por día", explicó.
Además, debe responder preguntas sobre síntomas compatibles con hantavirus y someterse periódicamente a estudios. "Ya voy por el tercero negativo y creo que faltan dos más todavía", detalló.
Mientras espera que termine el aislamiento previsto hasta el 18 de junio, Ferello transita los días entre controles médicos y la incertidumbre de cuándo podrá emprender el viaje de regreso.
"Entre comillas bien… pero es horrible", resumió desde Ámsterdam, todavía lejos de casa después de una travesía que terminó convertida en una cuarentena inesperada.