9 de Julio: tensiones, conflictos y el rol de una Santa Fe

La licencia en Historia y docente de la UNL, Griselda Pressel, dialogó con LT10 y aseguró: "En términos históricos, todavía somos un pueblo joven. A veces nos abruma el día a día y parecemos cansados de que nos pase tanto, pero nuestra historia recién se está escribiendo".

A 210 años de la Declaración de la Independencia, la palabra libertad resuena con fuerza en cada rincón del país. Sin embargo, detrás del hito fundacional del 9 de julio de 1816 se esconde un proceso denso, marcado por complejas negociaciones, enfrentamientos civiles y debates sobre qué modelo de nación construir hacia el futuro. Para desentramar la complejidad de esta fecha patria, LT10 dialogó con Griselda Pressel, licenciada en Historia y docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

"El 9 de julio es un día que nos atraviesa y que nos invita a reflexionar, a volver a esos instantes y contextos donde las dificultades, las tensiones y los conflictos estaban a la orden del día", explicó la especialista, quien además remarcó que aquella emblemática proclama proyecta sus implicancias hasta el presente.

El largo camino desde mayo de 1810

La historiografía tradicional suele presentar los hechos de forma lineal, pero la realidad de la época era sumamente dinámica. Entre la Revolución de Mayo de 1810 y el Congreso de Tucumán en 1816 transcurrieron seis años de intensas disputas políticas y militares. Mientras Buenos Aires intentaba hegemonizar el poder, los distintos espacios del antiguo Virreinato del Río de la Plata tomaban posiciones divergentes que oscilaban entre la comunicación y el conflicto abierto.

"En 1810 se inicia un gran debate. Diversas regiones entran en pugna; por un lado se ubicaba la posición revolucionaria que buscaba organizar el futuro país independiente sobre una base más solvente, y por el otro estaban quienes pretendían continuar con el orden colonial establecido", analizó Pressel. Este escenario se complejizó aún más a partir de 1815 con la restauración monárquica en Europa y el regreso de Fernando VII al trono español bajo un régimen absolutista, lo que empujó a las fuerzas locales a acelerar la urgencia de la declaración independentista.

Incluso en el propio Congreso de Tucumán las disidencias eran profundas, al punto de que se llegó a debatir la implementación de una monarquía constitucional como el sistema de gobierno más efectivo para la época. "Ese desapego formal de la monarquía española venía madurando desde la Asamblea del Año XIII, cuyos objetivos centrales eran la independencia y la sanción de una constitución, metas que no se concretaron entonces debido a las vicisitudes del contexto internacional", recordó la historiadora.

La otra geografía y la ausencia del Litoral

Un aspecto clave del Congreso de 1816 es que la fisonomía territorial difería drásticamente de la República Argentina actual. Entre los diputados que juraron la independencia se encontraban representantes de zonas que hoy no integran el mapa nacional, como Chuquisaca y otras regiones del Alto Perú, mientras que varias provincias del actual territorio argentino no enviaron delegados.

Tal fue el caso de la Liga de los Pueblos Libres, liderada por José Gervasio Artigas, que nucleaba a la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Santa Fe. La fuerte impronta federal de Artigas tensionaba directamente con el centralismo de Buenos Aires, provocando una fractura política insalvable para marzo de 1816, momento en que el Congreso inició sus sesiones en Tucumán.

Santa Fe: una provincia jaqueada y bajo doble frente

Durante este periodo, la provincia de Santa Fe —que geográficamente distaba mucho de ser la 'bota' actual y se concentraba principalmente en el eje de la ciudad capital, San José del Rincón y Coronda— vivió una realidad dramática.

"Santa Fe estuvo en una situación muy especial, tironeada e invadida permanentemente por Buenos Aires debido a su alianza con la Liga de los Pueblos Libres. Las tropas porteñas arrasaron el sur santafesino y tomaron la capital en reiteradas ocasiones, lo que obligó a la población y a los gobiernos locales a rearmarse de forma constante", detalló Pressel.

A pesar de los conflictos, existieron intentos de acercamiento político. El 9 de abril de 1816 se firmó el Tratado de Santo Tomé, un pacto que buscaba establecer la paz, frenar las incursiones militares de Buenos Aires e incluso preveía el envío de un diputado santafesino al Congreso de Tucumán: Cosme Maciel. Sin embargo, Buenos Aires no ratificó el convenio dentro del plazo estipulado de diez días y el acuerdo quedó sin efecto.

A este desgastante frente militar interno se le sumaba la resistencia en las zonas centro y norte de las comunidades indígenas, que defendían sus territorios frente al avance criollo. "Santa Fe era una tierra arrasada que sufría una severa depredación económica", explicó la docente de la UNL. Sin embargo, fue en medio de esa extrema complejidad donde la región comenzó a forjar las bases de su autonomía política, un proceso que decantaría poco después con la asunción de gobernadores propios como Francisco Candiotti, Mariano Vera y, posteriormente, Estanislao López, consolidándose en el Estatuto de 1819.

Un debate federal que sigue vigente

La estructuración del Estado nacional demandó más de cuatro décadas de guerras civiles e inestabilidad desde la declaración formal de la independencia. Para Pressel, este retraso evidenció las fuertes raíces autonómicas locales y regionales heredadas de la colonia, enfrentadas siempre al control económico y político de Buenos Aires.

La historiadora rescató las investigaciones del célebre y recordado historiador Juan Carlos Garavaglia sobre el periodo de la Confederación Argentina (1853-1862). Garavaglia demostró, a través del análisis de los presupuestos de esos años, que existió un proyecto real de Estado federal que priorizaba partidas para la educación, la investigación científica del territorio y la navegación de los ríos interiores para conectar a las provincias sin la intermediación porteña. "Ese federalismo inicial se fue desvirtuando luego de 1862, mutando hacia las lógicas centralistas que persisten hasta nuestros días", concluyó.

A pesar de las deudas pendientes del entramado institucional, la especialista invitó a mirar el proceso con perspectiva histórica: "En términos históricos, todavía somos un pueblo joven. A veces nos abruma el día a día y parecemos cansados de que nos pase tanto, pero nuestra historia recién se está escribiendo".