¿Hay racismo en la Argentina?
En diálogo con LT10, la politóloga Inés Palacios analizó cómo se manifiesta la discriminación en el país, el peso de las raíces indígenas, el impacto de las redes sociales y el rol del discurso político en la naturalización del racismo.
El debate sobre el racismo volvió a instalarse con fuerza durante el Mundial 2026, a partir de distintos episodios de discriminación registrados dentro y fuera de las canchas. En ese contexto, también crecieron las discusiones en redes sociales sobre los discursos de odio, la xenofobia y la construcción de estereotipos.
En diálogo con LT10, la politóloga y militante antirracista Inés Palacios sostuvo que el racismo en la Argentina existe, aunque muchas veces adopta formas menos visibles que en otros países y suele confundirse con el clasismo.
Palacios contó que su interés por estudiar el tema nació de una experiencia personal. "Crecí en una familia mestiza como la mayoría de las familias argentinas. Yo era la más oscura de mis hermanos y recién cuando me fui de intercambio a Estados Unidos una amiga me preguntó cómo vivía esa experiencia. Fue la primera vez que alguien me hizo esa pregunta con objetividad y entendí que había algo que no era solo personal", relató.
A partir de esa vivencia, comenzó a investigar la composición genética de la población argentina y encontró una fuerte contradicción entre la realidad y la percepción social. "Las provincias del NOA tienen hasta un 98 % de raíces indígenas y, sin embargo, cuando uno mira el censo, solo el 2 % de los argentinos reconoce sus raíces indígenas. Ahí entendí que había un problema con el reconocimiento de nuestra identidad", explicó.
Consultada sobre si los argentinos son racistas, la politóloga respondió sin rodeos: "En la Argentina hay una jerarquía racial. Para mí es el mejor término para decir que sí, en la Argentina hay racismo".
Según explicó, ese fenómeno se expresa de distintas maneras. Por un lado, mencionó el racismo internalizado, vinculado con la falta de representación de personas con rasgos indígenas. "Nunca me vi representada como protagonista o como la deseada en las novelas. Sí veía personas con mis rasgos en campañas sobre pobreza", ejemplificó.
También habló del racismo cotidiano entre pares, reflejado en expresiones como "negro de mierda", y del racismo institucional. "Hay mucha violencia estatal hacia quienes tienen rasgos indígenas. La forma más común es el perfilamiento racial: los criminalizan o los paran en la calle simplemente por sus rasgos", afirmó.
Además, sostuvo que existe una relación entre desigualdad social y origen étnico. "Hay una correlación muy grande entre pobreza y raíces indígenas. Muchas veces se dice que en la Argentina no hay racismo, sino clasismo. Yo creo que son dos fenómenos que operan juntos", señaló.
Durante la entrevista, Palacios también se refirió a la población afrodescendiente en el país. Explicó que, desde el punto de vista demográfico, representa un porcentaje reducido de la población, aunque eso no implica que no sufra discriminación. "Es una verdad que hay poca población afro en Argentina y también es una verdad que esas personas pueden sufrir racismo. Las dos cosas conviven", indicó.
Respecto de los episodios registrados durante el Mundial, consideró que la diferencia con décadas anteriores radica en que hoy existe una mayor sensibilidad frente a esas conductas. "No me animaría a decir que en los mundiales de los años setenta o los ochenta no había insultos racistas. Más bien creo que hoy las reglas del juego son mucho menos tolerantes frente a esos hechos", sostuvo.
Finalmente, advirtió sobre el impacto que tienen las redes sociales y el discurso político en la profundización de la discriminación. "La política está en un momento muy conservador y muy agresivo. Tenemos líderes haciendo comentarios deshumanizantes y eso corre los límites de lo aceptable", expresó.
En ese sentido, agregó que los algoritmos también potencian la polarización. "Consumimos solo contenidos que refuerzan nuestras propias ideas y eso hace que nos distanciemos de quienes son distintos en términos sociales, étnicos o culturales. Esa lógica tampoco ayuda y profundiza la deshumanización del otro", concluyó.
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