Brigadista santafesino: "Nuestra prioridad fue encontrar gente con vida"
Eneas Cavallo es oriundo de Gálvez e integra la brigada internacional Topos Azteca. Tras participar en las tareas de búsqueda y rescate luego el sismo que devastó a Venezuela, relató la dura experiencia en el terreno, la preparación psicológica para afrontar la tragedia y el valor del altruismo en situaciones críticas.
Eneas Cavallo tiene 28 años, es bombero voluntario desde la adolescencia y forma parte de la brigada internacional Topos Azteca, un grupo especializado en la búsqueda y rescate de personas en catástrofes de gran magnitud. Semanas atrás, le tocó viajar a Venezuela para intervenir en una de las emergencias humanitarias más complejas de la región tras el devastador terremoto que azotó a ese país.
"Arranqué como aspirante en los bomberos cuando estaba en la secundaria. Ya a esa edad me ponía de piel de gallina cada vez que escuchaba la sirena de la autobomba y sentía unas ganas profundas de ayudar. Cuando se lo dije a mi instructor, me respondió que eso era lo que sentían los verdaderos bomberos", recordó Cavallo en diálogo con la prensa.
Con el paso de los años, su formación se orientó a la especialidad de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR) y al adiestramiento canino. "Soy figurante de perros de rescate, es decir, la persona que se oculta para que el animal la encuentre y aprenda el juego de la búsqueda. Eso me acercó definitivamente al rescate en estructuras colapsadas", explicó.
Su ingreso a Topos Azteca —brigada nacida en México hace cuatro décadas tras el terremoto de 1985— se concretó tras realizar una capacitación en el país. "Me invitaron a sumarme y no lo dudé. En la brigada nadie hace nada por obligación; todo es a pulmón y hasta donde uno puede dar. Los pasajes aéreos para esta misión los cubrió una aerolínea de forma solidaria, ya que la brigada no acepta donaciones de dinero", remarcó.
El escenario en el terreno
El despliegue en suelo venezolano fue inmediato. Apenas dos horas después del sismo, Cavallo recibió la convocatoria y en cuestión de horas ya estaba embarcado hacia Caracas.
"Lo que vi al llegar fue muy fuerte. Uno ve fotos y videos, pero no dimensiona la magnitud, la altura y la escala de la destrucción hasta que está ahí. Estuvimos trabajando primero en Chacao, en el centro de Caracas, luego en Playa Grande y finalmente en La Guaira, que fue la zona más castigada, con edificios destruidos y estructuras que quedaron al borde del colapso", relató el rescatista.
Respecto a la dinámica de trabajo y el impacto emocional de la misión, Cavallo fue contundente: "Nuestra prioridad siempre fue encontrar gente con vida. Si encontrábamos un cuerpo en el camino, lo retirábamos, sobre todo para devolvérselo a la familia y que pudiera darle un cierre. En La Guaira estuvimos tres días intentando rescatar a dos personas atrapadas bajo los escombros, pero la estructura era extremadamente inestable y tuvimos que abandonar la búsqueda porque corría riesgo la vida del equipo. Esas son las decisiones más duras".
Salud mental y acompañamiento familiar
Afrontar jornadas extenuantes entre ruinas y hallazgos dolorosos requiere una preparación física y mental rigurosa. "Nosotros le damos muchísima importancia a la parte psicológica. Trabajamos con contención profesional para procesar lo que se vive en el lugar. En el momento uno actúa de forma automática, pero el impacto fuerte viene después", señaló.
Tras su regreso a Santa Fe, donde trabaja de manera independiente como fotógrafo y comparte su vida junto a su hija, Cavallo recibió el reconocimiento del Concejo Municipal de su ciudad y de la Legislatura provincial. Pese a los homenajes, mantiene la humildad de quienes ejercen el voluntariado: "Uno no hace esto para recibir un premio; se hace por vocación y por ayudar a quienes quedaron sin nada".