Qué significa hablar sin parar, según la psicología

Si bien no siempre es motivo de alarma, diversos especialistas advierten que este comportamiento puede ser señal de un problema mayor

Todos conocemos a alguien con dificultad para encontrar un límite claro al empezar a hablar. La ciencia demuestra que detrás de este hábito de expresarse en exceso pueden ocultarse desde simples rasgos de personalidad hasta diversos factores emocionales condicionantes de la forma de comunicarse.

Al principio, una persona así puede parecer simpática, entusiasta y con muchas ganas de compartir sus pensamientos. Sin embargo, a medida que pasan los minutos y queda claro la falta de espacio para la intervención del otro, la interacción se vuelve desgastante y termina agotando a cualquiera en el intento de mantener una conversación equilibrada. 

Por qué algunas personas se expresan demasiado en las conversaciones

A veces esto pasa simplemente por impulsividad. Hay personas con dificultad para frenar sus pensamientos antes de expresarlos, o que usan las palabras para tapar silencios generadores de inseguridad. Otras veces solo buscan sentirse escuchadas y aprobadas, o simplemente son personas muy extrovertidas amantes de compartir sus vivencias.

Sin embargo, también existe la adicción a hablar, conocida como talkaholismo. Quienes la padecen sienten una necesidad muy difícil de controlar por tomar la palabra, incluso sabiendo la molestia provocada en los demás. Suelen ser conversaciones con todo girando alrededor de ellos mismos: sus opiniones, sus recuerdos y sus problemas, sin dejar espacio para la otra persona.

Cuando esta forma de hablar resulta demasiado acelerada o desordenada, la psicología la llama verborrea. Puede aparecer por nervios, estrés, ansiedad o por el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), donde cuesta controlar las interrupciones. En otros casos, también puede ser un síntoma de problemas de salud mental más complejos, como el trastorno narcisista, la bipolaridad, el síndrome de Tourette, la esquizofrenia o el consumo de sustancias estimulantes.

 

Cómo combatirlo según los expertos

Para aflojar con este hábito, lo primero es entender su causa, porque no es lo mismo tratar los nervios de un momento que abordar un problema de conducta más profundo. Con eso claro, se pueden aplicar ejercicios sencillos para bajar la velocidad al hablar y ordenar las ideas.

Un buen truco es acostumbrarse a hacer pausas conscientes, como si al hablar estuvieras respetando los puntos y las comas de un texto. También sirve hacer ejercicios de respiración para calmar la ansiedad, o exagerar un poco los movimientos de la boca al gesticular, acción que obliga a pronunciar cada sílaba más despacio. Si el problema es al hablar en público, grabarse antes ayuda mucho a darse cuenta de la velocidad llevada.

Por el lado del oyente, también hay un papel clave. Muchas veces la persona que habla mucho pregunta sobre un posible exceso, pero por cortesía los demás lo niegan. Decir la verdad con respeto y poner un límite a tiempo representa la mejor ayuda para el darse cuenta del otro y el mantenimiento de una charla sana entre ambos.