Cuatro de cada diez jóvenes argentinos aún viven con sus padres
El 44 % no logra independizarse por los bajos ingresos, la precariedad laboral y el alto costo de alquilar. Un investigador de la Fundación Tejido Urbano analizó por LT10 cómo cambió el acceso a la vivienda.
El acceso a la vivienda se convirtió en una de las principales barreras para la emancipación de los jóvenes argentinos. Según un relevamiento citado por la Fundación Tejido Urbano, el 44 % todavía vive con sus padres ante la dificultad de afrontar los costos de un alquiler, los servicios y el resto de los gastos que implica sostener un hogar propio.
El fenómeno no responde a una única causa. La calidad de los ingresos, la demora en el acceso al empleo formal, la extensión de los estudios y el cambio en los proyectos familiares se combinan en un escenario que retrasa la salida del hogar de origen.
En diálogo con LT10, el investigador de la Fundación Tejido Urbano, Matías Araujo, explicó que los datos se encuentran en línea con los relevamientos históricos sobre emancipación que realiza la organización.
“La Encuesta Permanente de Hogares nos indica que cuatro de cada diez jóvenes no pueden salir de la casa de sus padres al día de hoy”, señaló. Según detalló, existen tres grandes barreras: “La primera tiene que ver con la cantidad y la calidad de los ingresos y el acceso al mercado de trabajo; la segunda, con la prolongación de la vida universitaria, y la tercera, con el retraso de la vida y del proyecto familiar”.
Diez años de demora en el empleo y la vivienda
Araujo sostuvo que los jóvenes actuales enfrentan condiciones muy diferentes a las que tuvieron sus padres a la misma edad. El retraso se observa tanto en la inserción laboral como en la posibilidad de acceder a una vivienda propia.
“Esta es la primera generación que no puede compararse con la de sus padres. Sus padres a los 20 no eran lo mismo que los de 20 de hoy”, afirmó.
Como ejemplo, indicó que las personas de 30 años acceden actualmente a puestos laborales que, durante la década del 2000, eran alcanzados por quienes tenían alrededor de 20. “Tuviste un retraso de 10 años en el mercado laboral y en el acceso al mercado formal que te habilitaba muchas veces a poder emanciparte”, explicó.
La situación se repite en el acceso a la propiedad. “A fines de los 90 o en los 2000, entre los 30 y los 35 años se accedía a la primera vivienda. Y ahora a la propiedad se accede entre los 40 y los 44 años”, comparó.
Para el investigador, la informalidad laboral, la pérdida del poder adquisitivo y la falta de crédito hipotecario modificaron las expectativas de las nuevas generaciones. “En los últimos 20 años en la Argentina no se generó empleo privado, no se generó valor agregado y tampoco se generaron oportunidades de crédito hipotecario”, sostuvo.
Alquileres que absorben gran parte del ingreso
El costo de alquilar es otro de los factores centrales. Durante la entrevista se mencionó que, en Santa Fe, un alquiler puede representar cerca del 80 % de un salario medio, una proporción que reduce la capacidad de ahorro y dificulta la construcción de un patrimonio.
Araujo planteó que la situación también obliga a revisar la forma en que se mide la pobreza. “No se puede medir más la pobreza de la manera en que la medimos sin contar el alquiler, porque si no nos estamos mintiendo a nosotros mismos diciendo que somos clase media cuando, después del alquiler, nos queda muy poco para poder consumir”, afirmó.
El investigador explicó que las familias enfrentan una dificultad adicional: para acceder a un crédito hipotecario necesitan contar con un ahorro previo cercano al 25 % del valor de la vivienda.
“Hoy el crédito hipotecario no es un problema por la cuota o la tasa. La cuestión es cómo accedemos a una población que en los últimos años venía desahorrando y a la que le cuesta hoy en día alquilar”, señaló.
En ese sentido, advirtió que el problema ya no se limita a la posibilidad de ingresar al mercado de alquileres, sino también a la capacidad de sostenerlo en el tiempo. “Hay un problema no solo de asequibilidad, sino de sostenibilidad en las trayectorias residenciales”, expresó.
Cambiaron las formas de independizarse
La transformación también se observa en la manera en que los jóvenes conforman sus hogares. Araujo indicó que, durante los años 2000, el 30 % se independizaba solo, el 24 % lo hacía en pareja y el 22 % formaba una familia.
Actualmente, el 46 % se independiza solo, el 18 % lo hace en pareja y apenas el 11 % forma un hogar familiar.
“Tuviste un cambio en la composición familiar, que es lo que muchas veces te ayudaba a salir”, explicó. Además, remarcó que antes era más frecuente afrontar un alquiler con dos ingresos, mientras que ahora, en muchos casos, un solo salario debe cubrir el costo de la vivienda.
La edad promedio de emancipación también se retrasó. “En los años 2000 era a los 24 años. Hoy, en 2026, estamos hablando de entre los 26 y los 27 años, un retraso de tres años en la emancipación”, detalló.
Las propuestas para ampliar el acceso a la vivienda
Consultado sobre posibles soluciones, Araujo planteó la necesidad de combinar políticas macroeconómicas, urbanas y sociales.
Entre las medidas, mencionó la estabilidad de la moneda, la recuperación de la capacidad de ahorro, una reforma del sistema bancario y la ampliación de los fondos destinados al crédito hipotecario.
También propuso que las provincias y los municipios utilicen las herramientas de planificación urbana para promover viviendas más accesibles y generar mecanismos que permitan financiar el ahorro inicial requerido para obtener un crédito.
Por último, planteó reformas que vinculen la formalidad laboral con el acceso a la vivienda y que permitan construir sistemas de ahorro previo. “La formalidad no tiene que ser un costo, sino una oportunidad para acceder a tu vivienda propia”, sostuvo.
Para Araujo, el desafío también implica incorporar a los sectores medios en las políticas habitacionales y generar condiciones para que alquilar sea una alternativa sostenible. “Hay que empezar a pensar la progresividad habitacional y tener en cuenta una política para las clases medias para que el alquiler sea sostenido y sostenible a largo plazo”, concluyó.