"Uno se va criando en la panadería y va aprendiendo a querer el oficio"

Marcos Carignano habló de la esencia de un oficio que se lleva en la sangre y se transmite de padres a hijos.

En una nueva celebración del Día del Panadero, Marcos Carignano, referente del Centro de Industriales que los representa, compartió con el móvil de LT10 la esencia de un oficio que se lleva en la sangre y se amasa con dedicación diaria. Para Marcos, la magia de las panaderías reside en la gratificación de ver el producto terminado y en el asombro que genera observar cómo el pan crece dentro del horno durante su proceso de cocción.

La historia de Marcos es la de muchos panaderos locales: la profesión se transmite de generación en generación. Criarse entre harinas y hornos forja un vínculo indisoluble con el trabajo: "Realmente uno se va criando en la panadería, o sea, va aprendiendo a querer el oficio y lo transmite de padres a hijos", explica. Desde pequeño, Marcos ya tenía una "idea fija" sobre su futuro; acompañaba a su padre a repartir y pasaba todo el día en el local, al punto que asegura que "no lo podían sacar de ahí".

El aroma como identidad

Si algo define la vida de un panadero es el despertar de los sentidos. Al ser consultado sobre qué extrañaría si no fuera panadero, Marcos no duda: el aroma matutino. Para él, entrar a la panadería y sentir ese olor característico lo conecta directamente con su infancia, cuando acompañaba a sus padres al negocio.

En tiempos de modernidad y ventas por aplicaciones móviles, Marcos defiende la experiencia presencial en el local. La panadería, dice,  ofrece una vivencia sensorial que va más allá de la compra: "tiene el olor, tiene la textura". Es comparable a la mística de ir a elegir una película en lugar de verla directamente en casa; es un ritual de ver, oler y sentir.

La ciudad entera como cliente

El desafío de este rubro es la disponibilidad constante, ya que requiere un rango horario muy amplio para satisfacer las necesidades de una clientela diversa. La panadería es un punto de encuentro para toda la sociedad. A las 7 de la mañana, con el niño que busca algo para el recreo antes de ir a la escuela. Durante el día, para los trabajadores que entran o salen de sus jornadas, y a las 8 de la noche, para el empleado cansado que busca una solución rápida y rica para cenar.

Para Marcos Carignano, ser "panadero de alma" implica sostener un negocio que es parte fundamental del ritmo de la ciudad, manteniendo viva una tradición que, a pesar de los cambios tecnológicos, se sigue eligiendo por su calidez y sabor.

Audio: Marcos Carignano, tesorero de Cipasfe

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