San Cayetano: cómo un santo italiano se volvió símbolo argentino
Nació en Vicenza en 1480 y recorrió distintas ciudades de Europa antes de morir en Nápoles. Su devoción llegó al actual territorio argentino desde España y, con el impulso de Mama Antula, terminó arraigándose en Buenos Aires.
San Cayetano nació hace más de cinco siglos en Italia, pero terminó convirtiéndose en una de las figuras religiosas más vinculadas a la identidad popular argentina. Cada 7 de agosto, miles de fieles se acercan a iglesias y santuarios de todo el país para pedir por trabajo, alimento y mejores condiciones de vida.
Cayetano de Thiene nació en 1480 en Vicenza, por entonces parte de la República de Venecia. Estudió en la Universidad de Padua y luego se trasladó a Roma, donde recibió formación jurídica y comenzó su camino religioso.
Más tarde desarrolló buena parte de su actividad pastoral en Nápoles, una ciudad que en ese período estaba bajo el dominio de la Corona española. Allí impulsó junto con otros religiosos la fundación de la orden de los Clérigos Regulares, conocidos como teatinos.
San Cayetano murió en Nápoles en 1547 y fue canonizado en 1671 por el papa Clemente X. La devoción por su figura cruzó el Atlántico y llegó a América durante el período colonial.
El camino hasta la Argentina
El culto a San Cayetano llegó primero a Santiago del Estero, una de las ciudades más antiguas del actual territorio argentino. Desde allí comenzó a difundirse hacia otras regiones.
Una figura decisiva en ese recorrido fue María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, nacida en Santiago del Estero y recientemente canonizada por la Iglesia Católica.
Mama Antula llevó la devoción a San Cayetano hasta Buenos Aires, donde el santo quedó vinculado a la obra de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales.
Años después, las religiosas de las Hijas del Divino Salvador, herederas de esa obra, impulsaron la construcción de una capilla dedicada al santo en la zona de Liniers.
La primera capilla y el colegio fueron bendecidos en 1875. Con el crecimiento de la población y las transformaciones urbanas de Buenos Aires, el templo fue trasladado y ampliado.
La actual iglesia comenzó a funcionar en 1900 y fue elevada a parroquia en 1913. Durante la década de 1930 comenzó a crecer de manera significativa la cantidad de fieles que se acercaban a celebrar al santo.
Por qué se lo relaciona con el pan y el trabajo
La imagen de San Cayetano que actualmente veneran muchos fieles en Liniers tiene un elemento que terminó convirtiéndose en uno de sus principales símbolos: las espigas de trigo.
Según la investigación histórica sobre el santuario realizada por Enrique Robira, una pequeña imagen de yeso entronizada alrededor de 1935 incorporó un ramillete de flores de azucena y espigas de trigo.
La presencia del trigo contribuyó a vincular al santo con el pedido de pan y trabajo. Con el paso de las décadas, esa asociación se convirtió en una de las características centrales de su devoción en la Argentina.
El santuario de Liniers fue ampliado nuevamente durante el siglo XX para recibir a la creciente cantidad de peregrinos. En 1970 se realizaron nuevas reformas arquitectónicas y litúrgicas, y la parroquia quedó formalmente reconocida como santuario diocesano.
Una tradición que trascendió su origen
La historia de San Cayetano en la Argentina está marcada por viajes y transformaciones: nació en la península itálica, desarrolló su actividad religiosa en distintos territorios europeos, su culto llegó a América durante el período colonial y terminó arraigándose especialmente en Buenos Aires.
Con el tiempo, dejó de ser solamente un santo de origen italiano para convertirse en una figura profundamente asociada a las preocupaciones cotidianas de millones de argentinos.
Cada 7 de agosto, la celebración vuelve a poner en el centro esas demandas. Para sus devotos, San Cayetano es el santo al que se le pide por el pan y el trabajo, una tradición que lleva siglos de historia y que encontró en la Argentina una de sus expresiones más fuertes.