Preocupación por el permanente cierre de tambos en Santa Fe

Entre el impacto de los costos, las deficiencias de infraestructura y la tendencia global a la concentración, el sector enfrenta el desafío de sostener a los pequeños y medianos productores en el mapa lácteo nacional.

El sector de la lechería atraviesa, desde hace tiempo, una grave crisis en la provincia de Santa Fe. Aunque las cifras oficiales indican que en el último año cerraron cerca de 300 establecimientos en el territorio provincial (pasando de unos 3.300 a aproximadamente 3.000), Pablo Riva, referente de Carsfe, aclara que estos datos responden en parte a un ajuste en los registros oficiales (Renspa) de productores que quizás habían dejado la actividad tiempo atrás.

No obstante, la gravedad de la situación es innegable: “Seguramente han cerrado más de 200 en esta etapa”, afirma Riva, situando esta crisis en un contexto histórico donde, estadísticamente, “se vienen cerrando tres tambos cada dos días” desde hace más de 20 años.

Escala y falta de rentabilidad: las causas del cierre

El fenómeno no responde a un único factor, sino a una combinación de presiones económicas y estructurales. Según Riva, uno de los principales problemas es el estancamiento del precio pagado al productor frente al aumento de los costos: “El precio que cobra el productor desde hace un año prácticamente no ha tenido movimientos... pero sí han aumentado mucho los costos”.

Esta situación ha empujado a muchos, incluso de mediana envergadura, a abandonar el negocio o volcarse a la ganadería de carne, que hoy presenta valores más atractivos. A esto se suman problemas históricos de infraestructura que dificultan el crecimiento: “Hay muchos lugares donde realmente la infraestructura... está muy retraída, y no solo por la cuestión de caminos, sino también por la cuestión de la electricidad”.

El factor humano y el relevo generacional

Más allá de la economía, el coordinador de Carsfe destaca una crisis en la continuidad familiar del tambo. Muchos productores actuales desalentaron a sus hijos de seguir en la actividad debido al sacrificio que implica. Riva lo explica desde su propia experiencia: “Mucho tiene que ver con los padres que nos decían: 'Esto se reniega mucho, hay mucho trabajo, dedíquense a otra cosa'. Muchos hicieron caso a eso y no hay una transferencia de generación a la generación siguiente”.

Santa Fe: el último refugio del pequeño productor

A diferencia de lo que ocurre en Córdoba o Buenos Aires, donde la escala productiva ya es mayor, Santa Fe conserva una estructura basada en el pequeño productor. “Más del 70% de los tambos de la provincia están en menos de entre 2.500 y 3.000 litros”, señala Riva. Esta particularidad hace que la provincia sea la más afectada por la tendencia a la concentración, ya que estas unidades menores son las que más sufren para permanecer en el negocio.

Un futuro de mayor concentración

A pesar del cierre de unidades, la producción nacional de leche no ha caído en los últimos 15 años, lo que demuestra que los tambos que quedan se hacen más grandes y eficientes. Sin embargo, esta tendencia preocupa a las entidades rurales. Riva advierte que el fenómeno de la concentración seguirá profundizándose: “Se habla de que hoy hay entre 8.000 y 9.000 tambos en todo el país, y se habla de que en poco tiempo ese valor puede seguir bajando al orden de los 6.000”.

Desde Carsfe y otras entidades, el diálogo con las autoridades provinciales y nacionales es constante para intentar frenar esta tendencia y evitar que el tejido productivo de las comunidades rurales se siga desarmando

Audio: Pablo Riva, coordinador de lechería de Carsfe

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