Unión no despega: un equipo que perdió solidez, juego y respuestas
El Tatengue atraviesa un momento preocupante y los problemas aparecen en todas sus líneas. La defensa dejó de ser confiable, el mediocampo no encontró reemplazos para piezas importantes y arriba faltan variantes para generar peligro.
Unión entró en una zona de preocupación. La derrota ante San Lorenzo en el 15 de Abril no hizo más que profundizar una tendencia que ya se venía insinuando: el equipo perdió funcionamiento, dejó de ser confiable defensivamente y tampoco encontró en el recambio las respuestas necesarias para sostener aquello que había construido durante la primera parte del año.
Lo más inquietante no es solamente que el Tatengue haya perdido. Es cómo está perdiendo. Ante un San Lorenzo golpeado, que llegaba después de caer ante Huracán en el clásico y de perder previamente con Central Córdoba, Unión fue incapaz de imponer condiciones. El conjunto visitante, aun con sus propias limitaciones, manejó el partido durante buena parte del trámite y casi no necesitó sufrir para quedarse con los tres puntos.
Unión tuvo muy poco para ofrecer. La falta de ideas ofensivas fue tan evidente como las fragilidades defensivas, mientras que en el medio tampoco apareció la dinámica que caracterizó al equipo en buena parte del semestre anterior.
Si hubo una característica que distinguió a Unión durante varios pasajes de la primera mitad del año fue su capacidad para sostenerse desde el orden. Hoy esa fortaleza parece haberse diluido.
Matías Mansilla no transmite seguridad y cualquier pelota que llega al área genera una sensación de incertidumbre que antes no existía. Un arquero necesita ser respaldo para sus defensores y, actualmente, el Tatengue no encuentra esa tranquilidad en su último hombre.
La situación tampoco se explica exclusivamente por el arquero. Los centrales tienen tiempo compartido y conocimiento entre ellos, pero continúan mostrando problemas de coordinación, retrocesos deficientes y dificultades para controlar las segundas jugadas.
Maizon Rodríguez atraviesa un momento particularmente bajo, mientras que Juan Pablo Ludueña sostiene parte de su rendimiento desde la entrega y el carácter. Lautaro Vargas, por su parte, todavía no recuperó su mejor versión y encima se lesionó la rodilla.
En tanto que Bruno Pittón no terminó de justificar desde lo futbolístico una titularidad que parece sostenerse más por necesidad que por rendimiento, mientras que Lucas Ayala había mostrado ante Lanús que podía ofrecer una alternativa interesante, pero luego perdió terreno.
El resultado es un equipo que concede demasiado para lo poco que genera. Y cuando esa ecuación aparece, resulta muy difícil sostener una campaña de pretensiones.
El otro gran problema está en la mitad de la cancha. Allí se produjo uno de los cambios más importantes respecto del equipo que funcionó durante la primera parte del año. Mauro Pittón y Rafael Profini ya no están, y la sociedad que conformaban dejó una vara demasiado alta para los reemplazos. Hasta el momento, Unión no consiguió reproducir esa combinación de recuperación, despliegue, equilibrio y primera salida.
Lucas Menossi está lejos de su mejor nivel y Joaquín Mosqueira tampoco logró darle al equipo todo lo que necesita. A eso se suma la preocupación por la lesión que sufrió el propio ex-Talleres, que agrega incertidumbre a una zona que ya presentaba dificultades.
Julián Palacios también perdió influencia. Está más apagado, menos participativo y con menor capacidad para romper líneas que durante la primera parte del año.
Y el caso de Ignacio Malcorra merece una consideración particular. Ubicarlo como volante por izquierda le demanda un recorrido físico que no parece favorecer sus características actuales. El experimentado futbolista puede ofrecer mucho más cuando tiene libertad, pelota y participación en sectores donde su técnica pueda marcar diferencias. Ante San Lorenzo, además, debió abandonar el campo con signos de una posible lesión muscular.
Así, el mediocampo quedó atrapado entre dos problemas: no recupera con la misma eficacia y tampoco construye con la misma claridad.
El déficit ofensivo es quizás el aspecto que más cuesta disimular. Unión tiene problemas para elaborar una jugada que rompa el esquema rival, para encontrar espacios y, fundamentalmente, para poner a sus delanteros en situaciones favorables.
Cristian Tarragona termina demasiado lejos del área. El centrodelantero debe bajar, luchar, retroceder y participar en zonas donde no debería pasar tanto tiempo. Después, cuando llega el momento decisivo, no tiene la frescura ni la ubicación necesarias para ser determinante.
El propio delantero dejó en claro que necesita mayor abastecimiento. A su lado, Marcelo Estigarribia no logra encontrar continuidad ni precisión en sus intervenciones. Muchas veces aparece a destiempo respecto de la jugada y no consigue convertirse en ese socio que necesita Tarragona.
Pero el problema es colectivo. No alcanza con responsabilizar a los delanteros cuando la pelota llega poco y mal. Unión necesita más movilidad, más cambios de ritmo, más asociaciones y, sobre todo, alguien que pueda imaginar una solución cuando el rival cierra los caminos. Contra San Lorenzo prácticamente no apareció nada de eso.
La dirigencia y el cuerpo técnico apostaron a un mercado que debía darle profundidad y variantes al plantel. Sin embargo, hasta el momento, el recambio no elevó el nivel del equipo. Y ese es quizás el dato más preocupante: Unión no solamente perdió futbolistas importantes, sino que todavía no consiguió reemplazar sus funciones.
Madelón necesita respuestas urgentes
Leonardo Madelón conoce el plantel y también sabe que los resultados son los que terminan determinando el estado de ánimo de un equipo. El entrenador llegó en su momento con cierta resistencia de una parte de los hinchas, pero los buenos resultados consiguieron modificar rápidamente ese escenario. Ahora el contexto cambió.
Tres derrotas en las primeras cinco fechas del Clausura y cinco caídas en los últimos siete partidos encendieron nuevamente las alarmas. Y no se trata únicamente de una cuestión estadística: el rendimiento acompaña esos números.
Unión está lejos del equipo que pretende ser. No es sólido atrás, no domina en el medio y no tiene suficientes recursos arriba. Madelón deberá encontrar soluciones en el arco, rearmar una defensa que dejó de ser confiable, reconstruir el mediocampo después de la salida de dos piezas fundamentales y, fundamentalmente, conseguir que el equipo vuelva a generar fútbol.
Porque si Unión continúa jugando como ante San Lorenzo, el problema ya no será solamente no despegar: será comenzar a mirar hacia abajo.