Martín Bossi llega a Santa Fe con la comedia La cena de los tontos
El actor visitó los estudios de LT10 para anticipar las funciones del sábado 5 de septiembre. Entre humor y confesiones, explicó por qué dejó las imitaciones y celebró el trabajo compartido con Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández.
Martín Bossi visitó los estudios de LT10 para anticipar la presentación de La cena de los tontos en Santa Fe. La comedia tendrá su primera función el sábado 5 de septiembre a las 20, con localidades agotadas, y sumó una segunda presentación para las 22:30 en ATE Casa España.
El desembarco en la capital provincial forma parte de una gira que también incluye actuaciones en Concordia, Paraná y Rafaela. La respuesta del público abrió incluso la posibilidad de agregar una tercera función en la ciudad, aunque por el momento continúa habilitada la venta de entradas para la segunda.
Luego de pasar la noche en la ciudad, Bossi entró al estudio de LT10 con su ritmo característico y la picardía de describir detalladamente cada respuesta para convertirla en una escena donde cualquier detalle cotidiano funcionaba como punto de partida para un remate. “Dormí 7 horas, me levanté, desayuné jamón y queso, dos fetitas, cuento mis intimidades. Un café con tres deditos de café”, relató apenas comenzó la entrevista.
Esa velocidad verbal también atraviesa La cena de los tontos, la célebre comedia del autor francés Francis Veber que tuvo versiones teatrales y cinematográficas en distintos países. Bossi la definió como “una de las obras mejor escritas de la historia del teatro” y destacó la precisión de un texto construido para sostener el humor durante toda la función. “La gente se descompensa, es muy graciosa”, aseguró sobre una producción que, según detalló, reunió a 230.000 espectadores durante su temporada en Buenos Aires.
La trama parte de una idea tan cruel como efectiva: un grupo de amigos organiza cenas en las que cada invitado debe llevar a una persona de la cual puedan burlarse. El personaje interpretado por Gustavo Bermúdez cree haber encontrado al “tonto” ideal, encarnado por Bossi, pero su llegada a la casa desata una sucesión de conflictos y desarma todos los planes.
“Él es el malo. Él es el que se ríe del boludo, yo soy el boludo”, explicó el actor sobre la relación entre ambos personajes. La comedia, sin embargo, termina poniendo en discusión quién ocupa realmente cada uno de esos lugares.
De la imitación al personaje
La obra también representa un nuevo movimiento dentro de una carrera que comenzó ligada a la imitación y después se expandió hacia el teatro musical, el stand-up y la actuación. Bossi reconoció que hace aproximadamente una década dejó de estudiar figuras públicas para reproducir sus voces y gestos.
“Me parecía que mi carrera daba para mucho más que copiar. Sin desmerecer lo que es la mímesis, ¿no? Que es un arte”, explicó. La imitación, agregó, “fue un arma que yo tuve de chiquito, me hice conocido con eso porque era lo que más tenía a mano para llamar la atención”.
Con el paso del tiempo, comenzó a pensarse como un showman capaz de sostener un espectáculo mediante la actuación, la música, la comedia y el vínculo directo con el público. “Hace no sé, 10 años que no miro a alguien para imitarlo”, afirmó.
La observación continúa siendo parte de su trabajo, pero ahora tiene otra finalidad. Para interpretar al protagonista de La cena de los tontos debió construir un personaje ingenuo y torpe sin recurrir a la copia de una figura conocida. “La observación la pongo al servicio de otras cosas. De la actuación. No de imitar”, señaló.
Aceptar la propuesta de Adrián Suar y Guillermo Francella implicó abandonar temporalmente el formato de sus grandes shows musicales. “Me pareció un buen desafío también poder cambiar, salir de mi zona de confort, de trabajar para la gente de frente con una banda”, sostuvo.
Bossi se propuso dedicar “un año y medio o dos” a una comedia tradicional y probarse dentro de una estructura en la que el texto, los tiempos colectivos y la construcción dramática pesan más que la interacción directa con los espectadores. La dirección de Marcos Carnevale fue otro elemento central en esa transición.
El cuerpo detrás del showman
El aparente desborde de Bossi está sostenido por una preparación rigurosa. El actor entrena para responder a las exigencias físicas y vocales de una obra que mantiene un ritmo intenso durante toda la función.
“Tengo dos veces por semana personal trainer, corro 10 km, velocidad, tenis, hago danza, gimnasio tres veces por semana”, enumeró. Además, realiza vocalización dos veces por semana junto con una fonoaudióloga y una profesora de canto.
Esa disciplina le permite alternar entre el teatro, las grabaciones y los distintos proyectos de una carrera que ya no depende de las imitaciones. El 16 de septiembre también estrenará en Disney+ Amores inesperados, una serie de seis capítulos en la que interpreta a diferentes hombres de la vida cotidiana atravesados por vínculos amorosos inesperados.
La química con Bermúdez y Laurita Fernández
Al hablar de Gustavo Bermúdez, Bossi convirtió la admiración en una extensa rutina sobre su pelo, sus ojos, su voz y su estado físico. “A veces en la repartija hay una cierta injusticia”, bromeó sobre las virtudes de su compañero.
El humor revela, detrás de la competencia fingida, la confianza construida entre ambos. Bossi incluso relató que mandó a observar qué hacía Bermúdez fuera de escena y descubrió que utilizaba dos secadores antes del saludo final para recuperar el volumen de su pelo.
Con Laurita Fernández fue más directo: “Laurita es hermosa, talentosa, mucho talento la mujer”. Su presencia completa un elenco en el que Bossi encontró la posibilidad de correrse del centro absoluto del espectáculo y trabajar dentro de una maquinaria colectiva.
Ese desplazamiento parece condensar el momento actual de su carrera. Ya no necesita demostrar que puede parecerse a otra persona: busca construir personajes, integrarse a un elenco y sostener su identidad como entretenedor.
“Cuando entendés eso y entendés que no sos muy importante ni sos diferente por dedicarte a esto, el partido está ganado”, reflexionó en los estudios de LT10. Bossi defined su lugar con una frase sencilla: “Soy un servidor para hacerle bien a la gente”. Su objetivo, concluyó, es “volar bajito” y “divertir a la gente”.
Audio: Escuchá la entrevista con Martín Bossi
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