Dolores Reyes: literatura contra la violencia machista
La autora de Cometierra y Miseria pasó por LT10 antes de presentar ambos libros este sábado en la Estación Belgrano. Habló sobre territorio, violencia machista, jóvenes lectores y el lugar de Santa Fe en el mapa literario argentino.
Dolores Reyes volvió este sábado a Santa Fe con un equipaje singular: “Saludos para el río de un montón de gente” que, desde Buenos Aires, hubiese querido acompañarla. Su regreso fue uno de los encuentros destacados de la Feria del Libro, donde esa noche presentó Cometierra y Miseria en la planta alta de la Estación Belgrano.
Horas antes de la actividad, la escritora visitó el estudio movil de LT10 acompañada por Claudia Chamudis, autora santafesina que participó durante la presentación. El diálogo recorrió las violencias que atraviesan sus novelas, la construcción de las voces del conurbano y la relación entre literatura, territorio y memoria.
“Es hermoso volver a Santa Fe”, expresó Reyes. El vínculo con la ciudad no era nuevo: en 2019 fue invitada por la Universidad Nacional del Litoral para participar del 14º Argentino de Literatura y participó de lecturas callejeras en San José del Rincón; cuando Cometierra todavía no había alcanzado la expansión internacional que tendría después. Esta vez regresó con una certeza: “Es para mí una de las capitales literarias de la Argentina”.
La crueldad está fuera del libro
Publicada en numerosos países, Cometierra sigue a una adolescente capaz de conocer el destino de personas desaparecidas después de comer tierra. La protagonista se convierte en un puente entre aquello que el suelo conserva y las familias que buscan respuestas que las instituciones no lograron ofrecer.
Consultada sobre el equilibrio entre la violencia de las historias y la ternura de sus personajes, Reyes desplazó la mirada desde la ficción hacia el mundo que la origina. “La que es extremadamente cruel es la realidad con las mujeres y con las personas desaparecidas, con los seres queridos que nos faltan, con las buscadoras, con los buscadores”, afirmó.
La escritora sostuvo que su protagonista procura “no hacer un espectáculo de la crueldad” cuando transmite una visión a quien busca a un familiar. Cometierra sabe cómo acompañar porque su primera experiencia sobrenatural estuvo vinculada con la muerte de su madre, víctima de la violencia machista.
Frente a ese universo de ausencias aparecen personajes muy jóvenes que también escuchan música, celebran cumpleaños, descubren sus primeras relaciones sexoafectivas, bailan y se enamoran. “Hay una vitalidad impresionante”, explicó Reyes sobre esa energía que permite que la vida avance aun cuando la tierra muestra sus imágenes más dolorosas.
Una historia que viajó hasta Rusia
La novela acababa de publicarse en Rusia y Reyes recibía entrevistas y devoluciones de lectores situados a miles de kilómetros del conurbano bonaerense. Esa circulación internacional confirma la potencia del personaje, pero también encierra una tristeza.
“La vigencia del personaje implica que... bueno, la vigencia de los genocidios y las desapariciones y de la impunidad y de la injusticia”, reflexiona.
La tierra funciona en ambas novelas como depositaria de una memoria: recibe los cuerpos, las experiencias y las huellas de quienes ya no están, mientras padres, madres, hermanos y amigos continúan buscándolos. Cometierra ocupa el espacio abierto entre ese conocimiento escondido y la necesidad de las familias.
Aunque las historias están profundamente situadas en el conurbano, Reyes considera que el territorio no limita su alcance. Por el contrario, construye la perspectiva desde la cual sus protagonistas comprenden el mundo. “Toda esa relación con el territorio es absolutamente formativa de quienes somos”, señaló.
Las desapariciones, los femicidios, el duelo, el primer amor y los lazos entre hermanos permiten que lectores de culturas diferentes encuentren puntos de contacto. La autora definió estas violencias como sistémicas, pero también reconoció que el viaje de sus libros le mostró otras lecturas universales que no había previsto durante la escritura.
Las voces que ponen el cuerpo
Reyes inscribió sus novelas dentro de una tradición argentina y latinoamericana que lleva décadas narrando la violencia contra las mujeres. Sin embargo, advertía una ausencia en buena parte de esas obras: “La voz de quienes le ponen el cuerpo a esas violencias machistas”.
Desde allí construyó el lenguaje de Cometierra y Miseria. No quiso observarlas desde afuera ni convertirlas en estereotipos juveniles, sino permitir que hablaran desde su edad, su territorio y sus experiencias.
Chamudis destacó especialmente esa capacidad para diferenciar las voces de las protagonistas. En Miseria, aunque los capítulos alternan entre dos narradoras y no siempre se aclara quién habla, cada personalidad resulta reconocible.
“Eso lo hace alguien que conoce a las jóvenes del conurbano, que construye sus vidas, que construye sus voces, sus personalidades”, sostuvo la escritora santafesina. Para Chamudis, ese respeto hacia los personajes femeninos constituye uno de los grandes valores de la obra de Reyes.
La saga también propone una heroína popular y contemporánea. Cometierra no cuenta con recursos extraordinarios más allá de su vínculo con el suelo, pero busca, acompaña y resuelve allí donde las instituciones fallan.
Los jóvenes que se apropian de Cometierra
La relación con los lectores ocupó otro tramo central de la conversación. Chamudis recordó las visitas de Reyes a escuelas de Santo Tomé, donde la autora participó durante horas de intercambios con estudiantes que podían reconocerse en sus personajes.
“Dolores es una de las escritoras que más le pone el cuerpo a su obra”, afirmó. La describió guardando en su cartera dibujos, libros artesanales y pequeños obsequios, incluso cuando debía continuar viaje con las valijas cargadas.
Reyes confirmó esa escena doméstica y afectiva: su casa está “entera tapizada de regalos” realizados por estudiantes secundarios. Para ella, esas producciones demuestran que el supuesto desinterés juvenil por la lectura es un prejuicio.
“Para mí es un honor que ellos lean el libro y se apropien de los personajes como si fuesen suyos”, expresó. Los estudiantes producen obras teatrales, instalaciones, reels y adaptaciones en las que pasan de lectores a protagonistas.
Cuando una obra los interpela, remarcó Reyes, “son excelentes lectores y se meten y se comprometen de esta manera”. La mirada que los considera incapaces o desinteresados es, según planteó, tanto etaria como clasista.
Una vigencia que también duele
La permanencia de Cometierra como figura cultural provoca en la autora una sensación contradictoria. Celebra que el personaje llegue a nuevos públicos, pero lamenta que las desapariciones, los femicidios y la falta de respuestas estatales mantengan intacta su necesidad.
Reyes imaginó un futuro en el que las denuncias sean escuchadas, los Estados busquen a quienes faltan y las sociedades dejen de producir estas violencias. Ese día, sostuvo, “Cometierra no tendría razón de ser”.
La escritora también cuestionó el retroceso de políticas destinadas a prevenir y atender la violencia contra las mujeres. “Hay una avanzada absoluta de la violencia”, advirtió, y señaló que esa disputa alcanza incluso al lenguaje utilizado para hablar de las víctimas y de quienes las buscan.
Frente a otros países de América Latina, destacó el reconocimiento social construido en Argentina alrededor de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. “Argentina siempre ha sido muy respetuosa y muy amorosa hacia sus madres buscadoras, hacia sus abuelas buscadoras”, afirmó.
Disputar el mapa de la literatura argentina
Hacia el final, Reyes volvió sobre el acceso a la cultura y rechazó la imagen de una literatura reservada para espacios cerrados. “A mí no me interesa la literatura o el arte elitista encerrado”, aseguró.
Su obra busca incorporar voces, ritos y territorios populares sin ubicarlos en una posición inferior. El conurbano aparece como un espacio capaz de producir, durante un solo fin de semana, innumerables experiencias con potencia narrativa.
La autora también cuestionó la representación de una tradición nacional reducida a Buenos Aires y a un conjunto limitado de nombres consagrados. Durante años, explicó, se instaló la idea de que “la literatura argentina sería la literatura de esa ciudad blanca y letrada que es de Buenos Aires y para de contar”.
En esa discusión, Santa Fe ocupa para Reyes un lugar decisivo por su tradición, sus escritoras y la presencia constante del río. Sin embargo, advirtió que todavía falta fortalecer la circulación y la visibilidad de esas producciones.
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