Darío, el chofer que convirtió cada viaje en una comunidad de amigos

Con más de 20 años al volante, creó grupos de WhatsApp que reúnen a cerca de mil pasajeros. En diálogo con el móvil de LT10 contó cómo una forma sencilla de saludar terminó construyendo una red de ayuda, afecto y compañía.

Al principio, nadie quería salir frente a la cámara. Una extensa fila aguardaba el colectivo de la empresa Fluviales y los pasajeros rechazaban, con mayor o menor timidez, la posibilidad de participar de la entrevista. La actitud cambió apenas escucharon un nombre: Darío. Cuando supieron que la nota era sobre él, todos estuvieron dispuestos a hablar.

Esa fue la antesala del móvil de Valentín González para LT10 y permitió anticipar la historia detrás del chofer que desde hace 13 años recorre diariamente el trayecto entre Paraná y Santa Fe. Darío no solo transporta pasajeros: con el tiempo construyó una comunidad integrada por estudiantes, trabajadores, deportistas y viajeros frecuentes.

Él asegura que nunca buscó convertirse en una persona reconocida. “Comenzó un día común cualquiera, como todos. Mi forma de ser es así, es saludar simplemente”, recordó. Después, con la naturalidad de quien todavía no termina de comprender la repercusión, aclaró que no fue algo planeado por él.

Pero algo pasó. Los saludos cotidianos, las conversaciones durante el recorrido y la voluntad de ayudar fueron acercando a los pasajeros. “Se armó una comunidad hermosa”, definíó Darío, antes de describirla como un espacio formado por “gente buena, sana”, trabajadores, estudiantes, vendedores ambulantes, floristas y amigos.

Entre los pasajeros frecuentes también aparecen las jugadoras de las categorías Sub-14 y Sub-16 del fútbol femenino del Club Atlético Unión. Historias y edades diferentes coinciden durante varios kilómetros dentro del colectivo que Darío siente casi como su propia casa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Una red que nació en el colectivo

El primer grupo de WhatsApp fue creado por el chofer hace 12 años. Con el tiempo surgieron otros vinculados con estudiantes de Derecho, Psicología y de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UNL, además de los pasajeros de barrio El Pozo. En total, esas comunidades reúnen a cerca de mil integrantes.

Los grupos permiten compartir horarios y avisos sobre el servicio, pero también apuntes y materiales académicos. Si el colectivo tiene un desperfecto, Darío avisa para evitar que los estudiantes permanezcan esperando en la parada y puedan dirigirse directamente a la terminal.

“Yo les informo todo lo que a mí me informa la empresa”, explicó. Esa comunicación directa también funciona cuando hay medidas de fuerza o modificaciones que pueden afectar los viajes.

El vínculo va mucho más allá de los mensajes. Para su cumpleaños, Darío organiza una celebración dentro de la unidad y comparte comida con los pasajeros. “A veces traigo picada de salame, a veces alfajorcitos de maicena”, contó. El festejo incluye incluso una vela: “Lo paso lindo yo arriba, como si fuese mi casa”.

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Más de 20 años al volante

Darío lleva 13 años trabajando en Fluviales y anteriormente pasó una década en Flecha Bus. Su llegada al transporte ocurrió en la adultez, después de dedicarse a actividades muy diferentes, como la venta de libros y la reparación de motores.

“Nunca pensé que iba a terminar en el transporte”, reconoció. Sin embargo, encontró allí una combinación que terminó definiendo su oficio: “Tratar con la gente y manejar”.

Cuando intenta explicar de dónde nace su necesidad de acompañar a los pasajeros, no busca una respuesta complicada. “Sale del corazón”, resumió. Su objetivo, agregó, es sencillo: “Es lo único que quiero, que lleguen bien, que no haya problemas, rencor, nada”.

Antes de volver a la rutina de horarios, paradas y kilómetros, dejó un mensaje para los estudiantes que viajan con él: “Que no aflojen con los estudios”, que respeten a sus padres y “que le den para adelante, que no hay otra”. Después sumó un último deseo: “Que se unan al grupo para ser más amigos”.

La reacción de aquella fila terminó de explicar lo que los números de WhatsApp no alcanzaban a mostrar. Los pasajeros no querían aparecer frente a una cámara, pero aceptaron hacerlo por Darío: el chofer que convirtió un recorrido cotidiano en un lugar de encuentro.

Audio: Escuchá el móvil con Darío

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