El día que Messi llegó al Sub-20 y asombró al Profe Salorio

Gerardo Salorio, preparador físico de las juveniles cuando Lionel Messi llegó a la Selección, recordó en LT10 cuándo descubrió que estaba ante un futbolista diferente y analizó cómo deberá reconstruirse la Argentina después de su retiro.

Antes de las finales, las copas y la camiseta número 10, hubo un adolescente de pelo largo que llegó desde Barcelona para entrenarse con la Selección argentina Sub-20. Tenía 17 años y llevaba consigo el interés de España, la incertidumbre de quienes todavía no lo conocían y un talento que necesitó apenas una práctica para derribar cualquier duda.

Su primera aparición con la camiseta argentina se produjo en junio de 2004, en una goleada ante Paraguay organizada para asegurar su vinculación con la Albiceleste. Días después, el 3 de julio, disputó otro amistoso prácticamente olvidado frente a Uruguay, en Colonia. Ingresó durante el segundo tiempo, convirtió dos goles y fue determinante en el triunfo por 4 a 1.

Gerardo Salorio estuvo presente en el nacimiento de aquella historia. El preparador físico, integrante de los cuerpos técnicos de las selecciones juveniles y del equipo mayor, recordó este miércoles en una entrevista exclusiva con LT10 cómo atravesó el anuncio del retiro de Messi, realizado dos días antes.

“Me incluí hasta que me excluí”, resumió sobre el duelo que comenzó a experimentar cuando conoció la noticia. Las primeras entrevistas, reconoció, las dio conmovido hasta que decidió cambiar la perspectiva.

“En un momento determinado dije: ‘Yo siento esto, digo esto, pero tengo que mirar en la noticia mala lo positivo’. ¿Cuál es lo positivo? Que yo pude trabajar al lado de él, que muchos argentinos no pudieron dentro de un campo de fútbol. Tuve la fortuna de tener un campeonato del mundo al lado de él. Lo tuve en un Mundial de mayores. ¿Qué le puedo pedir a la vida?”, expresó.

La tristeza se convirtió entonces en gratitud. “Tengo que agradecer a este chico que me dio la eternidad de que un nene de siete años venga y me pregunte si yo lo entrené a Messi, si tengo el teléfono de él y si hablo con él”, contó.

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El primer entrenamiento

Salorio había trabajado con cientos de juveniles de enorme talento, pero necesitó una sola práctica para advertir que Messi manejaba otros tiempos dentro de la cancha.

“En el primer entrenamiento, lo que le costaba al de al lado tres toques, lo hacía en dos. Y cuando vi que en los duelos mano a mano, en un metro le sacaba medio segundo de ventaja, dije: ‘No, este tipo es como si yo viera una película en cámara rápida’”, recordó.

No era solamente velocidad. Había una coordinación y una capacidad para resolver que lo separaban del resto. “Tiene otra marcha, tiene otro biotipo, tiene otra biomecánica”, observó entonces el preparador físico.

Aquel talento todavía necesitaba tiempo, aprendizaje y voluntad para desarrollarse. Salorio entendió que el futuro dependería de “cuánta hambre” tuviera el joven para continuar creciendo. La respuesta llegó durante las dos décadas siguientes.

“No me equivoqué, es un animal deportivo”, afirmó. En el aspecto mental también encontró una señal decisiva: “Se ofuscaba cuando no le salían las cosas. Y si se ofusca es porque le preocupa el fútbol”.

Para Salorio, la preparación de un futbolista no termina en el trabajo físico. La capacidad para escuchar, sostener la ambición y corregir errores puede marcar la diferencia entre una promesa y una carrera extraordinaria.

Messi incorporó esas herramientas a lo largo de los años. Mejoró su ejecución de los tiros libres, modificó aspectos de su alimentación y atendió los problemas físicos que podían limitarlo. “Él se preocupó por su físico”, destacó el especialista al explicar cómo logró competir en la élite hasta los 39 años.

Del talento al liderazgo

El preparador físico sostuvo que la evolución de Messi también se produjo fuera de la cancha. El liderazgo deportivo siempre estuvo presente: cada vez que recibía la pelota, conseguía que el público se levantara porque intuía que podía presenciar algo irrepetible.

“El imán que posee un jugador con liderazgo deportivo es cuando agarra la pelota y el que está sentado en la platea o en la tribuna se empieza a levantar despacito y dice: ‘Va a hacer algo que yo quizás no vuelva a ver’. Eso es Messi”, definió.

Lo que construyó con el tiempo fue otro tipo de conducción, relacionada con la palabra, la identidad y el sentido de pertenencia. En ese proceso, Salorio destacó el papel de Lionel Scaloni, quien había conocido al rosarino cuando todavía era el integrante más joven del plantel mayor.

“En el año 2005 o 2006, cuando él debuta, Scaloni lo toma como hermano menor. Eso no lo sabe nadie porque la convivencia la tuve yo y veía cómo se comportaban ellos”, señaló.

Años después, cuando asumió como entrenador, Scaloni entendió que el proyecto debía potenciar al capitán. Salorio recordó la frase con la que habría planteado el objetivo ante el grupo: “Muchachos, vamos a hacerlo fácil. ¿Quién tiene el póster de Messi en la habitación? Acá hay que armar un equipo alrededor de este jugador y trabajar para que él sea campeón del mundo”.

Una Selección sin el ancho de espadas

El retiro obliga ahora a pensar cómo continuará la Selección argentina sin el futbolista que organizó su juego y su identidad durante más de dos décadas. Salorio propuso mirar ese futuro sin desconocer la pérdida, pero también sin caer en el pesimismo.

“La Selección es una marca. Con Messi es una supermarca, pero igual es una marca, una marca muy buena”, sostuvo. Esa identidad, explicó, no comenzó con el rosarino: tiene una base construida desde el ciclo de César Luis Menotti en 1978 y fortalecida por José Pékerman con la reorganización de las juveniles desde 1994.

“Podemos estar tristes y es lógico cuando desaparece algo que nos gusta o con lo que la pasamos bien. Ahora somos argentinos, Argentina es una potencia. Hay que volver a construir todo de vuelta y ya hay bases como para poder construir”, afirmó.

El desafío será competir sin esa carta capaz de modificar cualquier partido. Salorio comparó la presencia de Messi con tener permanentemente el ancho de espadas durante una partida de truco: aun cuando el equipo no mostrara su mejor versión, el rival sabía que una aparición podía cambiarlo todo.

“Tendríamos que acostumbrarnos a que no vamos a tener al hombre biónico, pero la marca Selección Argentina va a perdurar. Está, porque el gen está. Son otras generaciones”, expresó.

Sobre la posibilidad de encontrar un sucesor inmediato, fue contundente: buscar deliberadamente otro Messi sería un error. “Si están preocupados en sacar un Messi, no lo van a sacar nunca”, aseguró. Para Salorio, esas apariciones no pueden fabricarse: surgen dentro de un fútbol competitivo y luego necesitan formación, seguimiento y sentido de pertenencia.

Audio: Escuchá la entrevista con Gerardo Salorio

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