De juntar cartón y vender empanadas en la ruta a campeones del mundo
Jairo Carrizo, quien de niño juntaba cartón y llegó a vivir en la calle, ganó el Mundial de la Pizza. Graciela Caffa, que comenzó vendiendo empanadas a la vera de una ruta neuquina, obtuvo el máximo título en su especialidad.
Dos argentinos con historias marcadas por el esfuerzo se consagraron en el 2.º Campeonato Mundial de la Pizza y la Empanada 2026, organizado por la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (APYCE) en el marco de HOTELGA.
Jairo Ayrton Carrizo Peñaloza, de 27 años, fue elegido campeón mundial de la pizza, mientras que Graciela Caffa Lucero, de 32 y oriunda de Zapala, obtuvo el título de campeona mundial de la empanada.
Jairo: de juntar cartón a dominar las masas
La historia de Jairo comenzó lejos de las cocinas profesionales. Durante su infancia juntaba cartón y latas en Moreno para conseguir su propio dinero y evitar pedírselo a su madre. A los nueve años también cortaba el pasto con una bordeadora.
Tiempo después atravesó junto con su familia una situación de calle en Barracas. Esa etapa terminó cuando el Gobierno porteño les otorgó una habitación de hotel a su madre y a sus dos hijos.
Mientras tanto, Jairo trabajaba como repartidor y atendía la barra de una pizzería de Caballito. En 2019 protagonizó un episodio que volvió a marcar su vida: durante el incendio del hotel donde vivía su familia, rescató por los techos a dos bebés y a un hombre mayor.
Su regreso definitivo al mundo de la pizza ocurrió después del nacimiento de su hija y del robo de la moto que utilizaba como mensajero. Comenzó a trabajar en un local de Pompeya y se inscribió en la Carrera Profesional de Maestro Pizzero de APYCE.
Lo que inicialmente era una salida laboral se transformó en una pasión. Empezó a estudiar las características del gluten, las proteínas, la fermentación y los diferentes estilos de masas.
Durante la primera edición del campeonato conoció a Miguel Sánchez, quien se convirtió en su socio y amigo. El 10 de agosto ambos abrieron una sucursal de Mima Pizzería en Palermo.
Para llegar preparado al Mundial, Jairo participó en ocho de las doce categorías y llegó a dormir sobre un colchón inflable en el subsuelo del local para amasar y realizar pruebas durante la madrugada.
La receta que presentó fue una fugazzeta argentina con cebolla orgánica certificada, un blend de muzzarella de elaboración propia, pimienta y orégano. Con ella obtuvo los títulos de campeón mundial de la pizza y campeón mundial de pizza argentina.
«Esto no es solo un trofeo, es la confirmación de que con trabajo y pasión se puede llegar a cualquier lado», expresó tras conocer el resultado.
El doble reconocimiento le permitirá competir en el Campeonato de España de Pizzas Gourmet y en el Campeonato Mundial de la Pizza de Parma, Italia.
Graciela: las empanadas que comenzaron en una ruta
Graciela Caffa Lucero subió al podio entre lágrimas y dedicó el título a su padre, fallecido el año pasado. Él le había enseñado el valor de la responsabilidad, la disciplina y el trabajo.
Su relación con la cocina comenzó a los cinco años, cuando preparaba recetas junto con su madre y su abuela. A los doce se quedaba despierta hasta la madrugada mirando programas gastronómicos y anotando las preparaciones en un cuaderno.
Con sus primeras empanadas y pastafrolas comenzó a generar sus propios ingresos. Cada sábado viajaba hasta la ruta con un cartel improvisado para ofrecer unas veinte docenas de empanadas. Los primeros automovilistas que se detuvieron terminaron convirtiéndose en clientes habituales.
Un objeto la acompañó durante todo ese recorrido: el palo de amasar de su abuela. Graciela lo lleva a cada festival y también lo utilizó durante el Mundial. «Tengo miedo de perder el palo de amasar», reconoció sobre una herramienta que considera su principal conexión con ella.
Técnica Superior en Gastronomía y con una década de trayectoria profesional, trabaja desde hace casi nueve años en el Hotel Tower de Neuquén capital. Allí integra el restaurante AURA bajo la guía del chef Sebastián Caliva, quien la impulsó a competir después de que fuera reconocida como embajadora de la gastronomía neuquina.
Para el Mundial presentó una empanada regional elaborada con chivo neuquino, piñones, ñaco y vino Pinot, y otra versión de la receta clásica con relleno braseado en Malbec, un toque ahumado, huevo y sin aceitunas.
«Jamás pensé que podía ganar», admitió Graciela, quien había llegado al certamen con el objetivo de representar a Zapala, a Neuquén y a la Argentina. Su próximo sueño es abrir un local propio.
Luego de la consagración, el intendente de Zapala la invitó a portar la bandera de la ciudad durante el acto por el Día del Inmigrante, como reconocimiento a una historia que comenzó junto a una ruta y terminó en lo más alto del podio mundial.