“Pereza cognitiva”: cómo el mal uso de la IA afecta el aprendizaje
El neurólogo Hugo Valderrama advirtió que el uso de la inteligencia artificial para resolver tareas puede debilitar el razonamiento y la atención. Por LT10, propuso transformar la escuela en un “gimnasio para el cerebro”.
Los resultados de las pruebas PISA reabrieron el debate sobre las dificultades de aprendizaje y comprensión que atraviesan los estudiantes. En ese escenario, el acceso permanente a pantallas y herramientas de inteligencia artificial aparece como uno de los factores que podrían estar modificando la manera de estudiar, razonar y resolver problemas.
Hugo Valderrama, médico neurólogo y máster en Neurociencias, explicó por LT10 que la caída en el rendimiento no constituye un fenómeno exclusivamente argentino. “La disminución del resultado de las PISA es a nivel mundial, no es solamente en Argentina”, señaló.
Respuestas rápidas y menos razonamiento
Para Valderrama, la inteligencia artificial puede mejorar la educación siempre que sea utilizada como una herramienta y no como un reemplazo del esfuerzo intelectual. “La tecnología tiene que potenciarnos, pero si la usamos mal nos puede afectar, nos puede dañar de manera severa”, sostuvo.
El especialista describió una práctica cada vez más habitual entre los estudiantes: fotografiar una consigna con el teléfono y obtener inmediatamente la solución. “Le sacan literalmente una foto; no hace falta ni pasarla a la tarea, le sacan una foto a la tarea y la resuelve”, ejemplificó.
El problema adquiere una dimensión mayor durante la infancia y la adolescencia, cuando el cerebro todavía está en formación. Según explicó, los jóvenes pueden comprender que necesitan esforzarse para alcanzar un objetivo a largo plazo, pero no siempre cuentan con la capacidad necesaria para limitar una herramienta que ofrece resultados inmediatos.
A esta dificultad se suma el desconocimiento de muchos adultos sobre la manera en que los chicos utilizan esas aplicaciones. “La familia no sabe quizás, no se ha intentado hablar. Muchos padres no entienden qué es lo que están haciendo”, planteó. También consideró que las escuelas avanzan más lentamente que los cambios tecnológicos y todavía no encontraron cómo incorporar adecuadamente estas herramientas.
Esa combinación puede generar lo que definíó como “pereza cognitiva”. Valderrama explicó que, cuando una aplicación entrega directamente una respuesta, el cerebro no activa las mismas redes que intervienen al buscar una solución. En esos casos, el estudiante “no tiene pensamiento crítico, no se la rebusca con distintas redes para obtener un resultado”.
La consecuencia se vuelve evidente cuando desaparece la asistencia tecnológica. “Cuando te sacan la IA, cuando te ponen enfrente un examen, rendís mal”, resumió.
La escuela como un gimnasio
Frente a esta situación, el neurólogo propuso revisar la forma en que se organizan las actividades educativas. “Primero, no se hacen más tareas en la casa”, afirmó sobre los ejercicios que pueden resolverse automáticamente con una aplicación.
Su propuesta no implica abandonar los conocimientos básicos ni la memoria. Por el contrario, consideró que los contenidos continúan siendo necesarios para relacionar ideas, comprender problemas y elaborar respuestas propias. “Si uno no tiene los conocimientos dando vueltas en su cerebro, no los puede usar”, explicó.
Valderrama planteó que la escuela debería funcionar como un espacio de entrenamiento para las diferentes capacidades mentales. Las matemáticas permitirían ejercitar el cálculo y la abstracción; la historia, la síntesis y la asociación; la geografía, la orientación; y los idiomas, el lenguaje y la fluidez.
“El alumno tiene que salir con herramientas cognitivas para el futuro”, remarcó. Para alcanzar ese objetivo, consideró necesario formar al docente “como si fuese un personal trainer del cerebro”, capaz de utilizar cada materia para desarrollar distintas redes neuronales.
También diferenció el razonamiento de la simple repetición. “Si uno va solamente a memorizar exclusivamente y a repetir, nunca sirvió, ahora directamente ya no tenés oportunidad”, advirtió. Sin embargo, aclaró que memorizar determinados conceptos sigue siendo importante para contar con información disponible al momento de analizar y vincular ideas.
Una atención “destruida”
Otro de los efectos asociados al uso constante de pantallas es la dificultad para mantener la concentración. Consultado sobre el estado actual de la atención, Valderrama fue contundente: “Destruida. Actualmente está destruida”.
El fenómeno, aclaró, no alcanza únicamente a niños y adolescentes; también comienza a observarse entre adultos que interrumpen una conversación, una película o un partido para mirar el teléfono.
En los chicos, la necesidad de cambiar rápidamente de estímulo puede aparecer a los pocos minutos. “Su atención literalmente se agota y se frustra, y les genera una sensación de ansiedad de que necesitan ver otra cosa”, explicó.
Para el neurólogo, esta capacidad puede recuperarse mediante un entrenamiento sostenido. “Esa atención selectiva también se debe entrenar”, afirmó. En ese proceso, la educación tendrá un papel decisivo para que los estudiantes no dependan exclusivamente de una respuesta automática.
Valderrama cerró con una advertencia sobre el futuro laboral de quienes hoy atraviesan el sistema educativo: “De acá a cinco años esas personas se reciben y tienen que salir al mercado laboral, y van a tener un cerebro sin entrenamiento y sin oportunidad si esto no se cambia”.
Audio: Escuchá la entrevista con Hugo Valderrama
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