Gallegos y Knudsen: la pasión por el squash y la mística de los Suramericanos

El atleta chileno y el representante colombiano compartieron sus historias de vida, la complejidad de la disciplina y el valor de representar a sus países tras superar lesiones, sacrificios personales y un alto nivel de competencia

El cuadro de squash en los Juegos Suramericanos vibra al ritmo de historias de superación, entrega y reencuentro deportivo. Entre las figuras destacadas del certamen sobresalen el chileno José Gallegos y el colombiano Matías Knudsen, dos referentes continentales que compartieron los hitos de sus carreras, los sacrificios del alto rendimiento y la fraternidad que caracteriza a la disciplina en la región.

Una historia de superación

Para el chileno la relación con la raqueta comenzó como una costumbre familiar que terminó transformándose en su vocación de vida. La convivencia deportiva con sus hermanos fortaleció sus vínculos afectivos y despertó una pasión que lo acompaña desde muy joven.

"Comencé a jugar a los siete años porque mi padre iba a entrenar los fines de semana a un club de gimnasio. El único lugar que había para que nos quedáramos mis hermanos y yo eran las canchas de squash. El hecho de compartir con ellos un deporte que nos uniera nos hizo más cercanos y me llevó a amar esta disciplina. Mi primer viaje fue a los diez años y ahí me fasciné profundamente con el ambiente, el cariño de la gente y lo difícil que es este deporte", recordó Gallegos.

Al momento de definir la exigencia técnica del squash, el deportista apeló a una metáfora impactante: "es intensidad. Hay que estar muy consciente; es como un ajedrez, pero a 200 pulsaciones por minuto”.

El camino a Rosario no fue sencillo, ya que debió sobreponerse a una severa complicación física en el exterior: "ha sido un recorrido muy largo y desde pequeño soñé con estar en mega eventos representando a mi país; es de las mejores sensaciones de mi vida. Perdí esa posibilidad durante dos años porque estuve lesionado cuando vivía en Praga, República Checa, por una lesión muy grave en la muñeca. Hoy puedo decir que estoy de vuelta y me siento muy contento".

Sobre el entorno que lo acompaña y la vivencia en Argentina, concluyó: "Si tuviera que elegir a las personas para que estén conmigo en la cancha, sin duda elijo a mi familia, a mis amigos —que entienden que no es fácil tener un amigo deportista— y a mi novia. En Rosario se vive un ambiente increíble con la gente muy cercana".

Sacrificio y convicción

Por su parte, el colombiano Matías Knudsen recordó cómo un día de lluvia cambió para siempre su destino deportivo, alejándolo de la raqueta de tenis para llevarlo al recinto de paredes cerradas. "Yo jugaba todos los deportes cuando empecé y en el sitio donde entrenaba comencé con tenis. Ahí mi papá una vez me llevó a jugar squash porque empezó a llover, y desde ese día me encantó. Nunca me fui", relató el atleta cafetero.

A la hora de analizar la complejidad de su disciplina, Knudsen señaló que el arbitraje y el reglamento son los aspectos más difíciles de asimilar: "lo más complejo de explicar son las decisiones, el let y el stroke, porque son resoluciones muy subjetivas que dependen 100% del referí. Es algo a lo que hay que acostumbrarse e incluso a nosotros nos cuesta entender las decisiones a veces, pero cada referí tiene su manera de entender el juego".

El camino hacia el profesionalismo requirió importantes renuncias personales durante su juventud, una elección que con el tiempo cobró pleno sentido: "tuve que resignar cosas, como el viaje de graduación o paseos familiares, para ir a un torneo. Elegir el squash es muy difícil, pero más tarde en la vida me di cuenta de que era 100% la decisión correcta, solo necesitaba tiempo para entenderlo. Hoy estar acá representando a Colombia es el sueño más grande".

Respecto a la convivencia en la Villa Suramericana y el nivel de exigencia en Rosario, el colombiano destacó el clima de hermandad que se genera entre los atletas. Valoró especialmente compartir el día a día con deportistas de distintos países, verlos celebrar los logros de otros y sentirse acompañado en un ambiente que, según explicó, no siempre forma parte de la vida cotidiana de un atleta. También resaltó el alto nivel de la competencia, al enfrentarse con rivales de jerarquía mundial, y destacó el crecimiento que atraviesa el squash en Sudamérica y la comunidad que se ha formado alrededor de este deporte.