River volvió a la AFA con reclamos y abrió un debate que va mucho más allá
El Millonario retornó al Comité Ejecutivo con seis propuestas para modificar aspectos centrales del fútbol argentino.
El regreso de River al Comité Ejecutivo de la AFA dejó una postal que rápidamente se convirtió en noticia: Claudio Tapia le pidió al club que cediera el alquiler del Monumental para la despedida de Lionel Messi y que ese dinero fuera destinado a una entidad benéfica. El episodio quedó como una anécdota dentro de una discusión mucho más grande.
Porque River llegó a la AFA con seis planteos sobre la mesa y puso en discusión cuestiones que exceden cualquier cruce circunstancial entre dirigentes: el formato de los torneos, el calendario, el arbitraje, los mecanismos institucionales, la distribución de los ingresos y los derechos televisivos.
La Liga Profesional tomó nota de los reclamos, aunque aclaró que buena parte de esas cuestiones recién podrían revisarse pensando en 2028, ya que para 2027 existen decisiones que fueron adoptadas previamente.
Y ahí aparece el verdadero problema: una cosa es cuestionar el funcionamiento del fútbol argentino y otra muy distinta es conseguir que ese funcionamiento cambie.
Un campeonato que nunca termina de encontrar su forma
El número de equipos en Primera es probablemente el ejemplo más evidente.
En diciembre de 2021 se había establecido un camino hacia una reducción progresiva de participantes: 28 equipos en 2022 y 2023, 26 en 2024, 24 en 2025 y finalmente 22 desde 2026.
Ese cronograma nunca llegó a cumplirse.
Por el contrario, en 2024 se suspendieron los descensos de aquella temporada y la máxima categoría terminó ampliándose hasta los actuales 30 equipos.
El dato adquiere otra dimensión si se recuerda que el propio Tapia había hablado en 2019 de la necesidad de avanzar hacia una Primera con 20 clubes e incluso había mencionado la posibilidad de una competencia de elite con 18.
Hoy el escenario es completamente diferente.
Por eso, uno de los reclamos de River encuentra su eje en la previsibilidad. Más allá de cuál sea el número adecuado de participantes, la sucesión de cambios dificulta pensar una planificación deportiva y económica a largo plazo.
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué campeonato pretende construir el fútbol argentino y durante cuánto tiempo está dispuesto a sostener ese modelo?
Un debate con muchos intereses
Eso tampoco significa que la mirada de River sea necesariamente compartida por todos.
Un torneo de 30 equipos tiene defensores y uno de los argumentos centrales pasa por el carácter federal de la competencia. Para clubes del interior, permanecer en Primera representa una estructura de ingresos, exposición y posibilidades de crecimiento que no necesariamente tendrían en un campeonato reducido.
Ahí aparece uno de los principales desafíos para cualquier propuesta de cambio: no alcanza con convencer a los grandes clubes.
Una modificación estructural debería contemplar también los intereses de las instituciones del interior, los equipos del Ascenso y aquellos dirigentes que ven en una Primera más amplia una herramienta para sostener sus proyectos.
El debate, por lo tanto, excede a River y a la AFA. Es una discusión sobre qué fútbol argentino se quiere construir.
El arbitraje, otro frente abierto
River también incluyó al arbitraje entre los puntos que considera necesario revisar. Y en las últimas semanas aparecieron otros episodios que alimentaron esa discusión.
Juan Sebastián Verón cuestionó públicamente las decisiones arbitrales luego de la final entre Estudiantes y Rosario Central. Sus declaraciones constituyeron una acusación del presidente de Estudiantes y no una prueba de un direccionamiento arbitral, pero reflejaron que el malestar con el funcionamiento del arbitraje no está circunscripto a Núñez.
Algo similar había ocurrido meses atrás con Diego Milito, quien cuestionó duramente el funcionamiento del fútbol argentino después de una eliminación de Racing.
Sin embargo, esas críticas no necesariamente se traducen en un enfrentamiento político con Tapia. Y allí aparece una de las particularidades del escenario actual: un dirigente puede cuestionar determinadas decisiones de la AFA sin necesariamente romper relaciones con su conducción.
River decidió poner varios de esos reclamos sobre la mesa. Ahora deberá conseguir algo bastante más difícil que formularlos: transformar sus cuestionamientos en acuerdos capaces de modificar estructuras que llevan años cambiando de rumbo.