La historia de Franco Fagundez, el goleador con el cual se ilusiona Morón
Franco Fagúndez es uruguayo de nacimiento y juninense por adopción. Se formó en las Inferiores de Sarmiento, pero recién en 2023 pudo asentarse en el fútbol. La historia del atacante de Deportivo Morón que tiene una amistad con Miguel Merentiel.
Es 2022 y Frango Fagúndez divide sus días entre los partidos con River de Junín en la Liga Deportiva del Oeste y su trabajo en una empresa local que se encarga de la construcción de viviendas. Cuando le sobra tiempo, también hace de delivery para la rotisería de su padre. Él no imagina lo que le espera en cuatro años. Tampoco nadie de su entorno.
Ni el más optimista podía suponer que ese delantero uruguayo que se destacaba en una liga amateur alcanzaría los 14 tantos para convertirse en el máximo goleador de la Primera Nacional y transformarse en una de las figuras de Deportivo Morón, candidato al ascenso.
El desembarco del protagonista de esta historia en La Loba, uno de los clubes más populares de la ciudad bonaerense, no sucedió como un paso más en su carrera, sino que se trató de una oportunidad para no dejar el deporte que había practicado durante toda su vida. De hecho, para muchos podría significar un retroceso porque el año anterior había vuelto a su país para jugar en Paysandú, donde no tuvo éxito. Antes había transitado por las Inferiores en Sarmiento de Junín, club en el que llegó hasta Reserva pero le rescindieron el contrato en 2021 y se quedó sin nada. En el medio, Fagúndez tuvo un breve recorrido por la Reserva de Nacional, pero tampoco logró sostenerse.
“Cuando me fui de Sarmiento y después terminé en una liga amateur, no veía que pudiera estar donde estoy. En ese entonces trabajaba en Allegretti, una empresa de construcción, y estaba en blanco, era un buen empleo, por eso veía al fútbol de lejos. Uno nunca pierde la ilusión de su sueño, pero era difícil”, contextualiza el delantero de 27 años.
Lo que para Fagúndez en ese momento era el ocaso de su carrera profesional se convirtió en el inicio de un futuro prometedor. En River se destacó rápidamente y en marzo de 2022 salió campeón del Torneo Nocturno, en el que terminó como goleador. Esas buenas actuaciones le permitieron dar un pequeño salto: desembarcó en Sportivo Peñarol de San Juan para disputar el Federal A, pero una lesión le truncó su despegue. Regresó a La Loba y de ahí pasó a El Linqueño en marzo de 2023, que marcó su retorno a la tercera categoría del fútbol argentino y el último escalón hacia la Primera Nacional para aquellos clubes que no están directamente afiliados a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
“Si bien todavía no era profesional porque no tenía contrato, el club había ascendido recién y para mí era un lindo campeonato, había expectativas porque sabía que podía servirme de vidriera si andaba bien. Además, tenía un sueldo y mientras tanto seguía trabajando”, rememora el delantero.
¿Y cómo terminaste en Estudiantes de Buenos Aires?
—Juan Manuel Sara, que era el técnico en ese momento, me había visto en el Federal A y a mediados de 2023 me llevó. Ahí pude tener un sueldito un poquito más alto y empecé a poder vivir del fútbol. Además, sabía que Estudiantes es un lindo club y es mucho más profesional. A partir de ahí me dediqué 100% al fútbol.
En ese club también tuviste un anécdota con tu compatriota Miguel Merentiel.
—En 2024 jugamos un amistoso en Boca Predio a puertas cerradas y Miguel es de Paysandú, como yo. Mis tíos lo conocen del barrio porque él se crió a dos cuadras de la casa de mi abuela, entonces le conté quién era y ahí nomás me preguntó cómo estaba de botines. Enseguida le dije que la realidad era que no tenía un sueldo muy alto y tenía un par solo. Cuando terminó el partido, me vino a buscar y me regaló dos cajas y ropa también. Es muy humilde Miguel. Después de eso seguimos hablando, me invitó a la cancha a verlo y mantuvimos la relación, es muy buena gente.
Después de unos primeros meses sin mucho rodaje, el uruguayo tuvo revancha al año siguiente porque se transformó una pieza importante del equipo con Walter Otta, quien hoy también lo dirige en el Gallito. Tras solo cuatro goles en 49 presentaciones con el elenco de Caseros, el futbolista que el 14 de diciembre próximo cumplirá 28 años fue incorporado por Riestra. “Me quedé con una espinita porque siento que podría haber jugado más en Primera (solo sumó dos encuentros), no tuve los minutos que hubiese querido y siento que lo podía hacer”, se sincera.
¿Qué te dejó ese paso por Riestra?
—Mis compañeros eran todos muy profesionales y creo que también me sirvió la experiencia para aprender cómo se maneja un jugador de Primera. Técnicamente hay mucha diferencia y me costaba bastante entender las consignas o me perdía tácticamente porque nunca había jugado en ese nivel.
El préstamo en el Malevo finalizó en diciembre pasado y Estudiantes lo cedió a Morón, donde logró su explosión futbolística porque lleva 14 goles y nueve asistencias en 31 encuentros en la categoría. El Gallito está segundo con 58 unidades, solo a cuatro de Ferro y uno de los grandes responsables de este momento es Fagúndez, quien así como encontró en Junín su lugar en el mundo desde que su familia decidió mudarse cuando él tenía 6 años, Morón, hasta el momento, es su club en el mundo.