Flavio Mendoza regresa a Santa Fe con una obra inspirada en un recuerdo de su infancia
Con un espectáculo inspirado en un cuento que hizo emocionar a su madre cuando él era chico, el artista vuelve a encontrarse con el público santafesino a partir del 30 de octubre. En los estudios de LT10, habló sobre la paternidad, los límites de su cuerpo y la necesidad de seguir creando.
Antes de hablar de escenarios, acrobacias y grandes estructuras, la conversación pasó por los hijos. Ese intercambio, que Flavio Mendoza mencionó durante su visita a los estudios de LT10, terminó por encontrar un hilo con su presente artístico: detrás de La Cúpula, el espectáculo que llegará a Santa Fe el 30 de octubre, hay una historia que escuchó de chico y que, muchos años después, volvió a compartir como padre.
El regreso también tiene algo de encuentro familiar. Después de presentar Circo Ánima y Una Mágica Navidad, Flavio eligió otra vez a la ciudad para mostrar una nueva parte de su universo creativo. “La verdad que me siento muy bien cuando vengo, me siento bien recibido”, expresó al aire de LT10. A esa confianza se suma la incertidumbre de cada estreno: “Siento que es como una prueba también para mí traer este nuevo espectáculo, que les guste”.
La Cúpula nació de un deseo concreto: tener un espacio donde las posibilidades de una obra no quedaran sujetas a las limitaciones de los teatros. Mendoza recordó las transformaciones que acompañaron a sus producciones anteriores y las respuestas que solía encontrar ante cada propuesta: “Esto no se puede, aquello tampoco”.
Su nueva estructura busca abrir ese margen. Dentro de una carpa, una gran cúpula permite la circulación de técnicos y artistas por las alturas, con cambios de vestuario y apariciones desde arriba. La puesta incorpora una disposición de 360 grados y proyecciones sobre la carpa. Pero la ambición no termina en el despliegue: el artista quiso construir un lugar capaz de alojar historias diferentes. “Yo quería que la cúpula pudiera ser lo que quiera”, explicó.
Para esta primera propuesta, la historia apareció en un recuerdo de infancia. La escena tiene un marco preciso: un libro amarillo, varios cuentos y su madre leyéndole El Príncipe Feliz. Flavio tenía unos seis o siete años y no comprendió por qué ella lloraba al llegar al final. “Fue algo que me acompañó toda la vida hasta que lo leí de más grande”, contó en la entrevista. Años después, compartió esa misma historia con su hijo y terminó por llevarla al escenario: aquella emoción que de chico no había logrado entender se convirtió en la semilla de La Cúpula.
Con el tiempo volvió al cuento y se lo leyó a su hijo. Ahora, al verlo convertido en espectáculo, el niño pudo comprenderlo de otra manera. Mendoza contó que decidió darle un final feliz, aunque conservó aquello que lo había conmovido: la entrega y el desprendimiento por los demás.
La paternidad también cambió lo que quiere contar. “Creo que esto de ser papá me hace contar cosas que tengan que ver con él”, reflexiono. En esa búsqueda, el impacto visual convive con una invitación a prestar atención a la historia y acompañar a los chicos en lo que descubren.
La propuesta invita a frenar la rutina y tomarse un tiempo para ver, escuchar y sentir algo distinto. Algo que permite asomarse a una inquietud que atraviesa esta obra: encontrar una pausa dentro del vértigo, incluso en un espectáculo construido con música, movimiento y grandes efectos.
Esta vez, Mendoza estará detrás de esa maquinaria, pero no formará parte del elenco en escena. Acompañará el estreno y adelantó que regresará los fines de semana que pueda. “Era un espectáculo que yo quería que nazca sin mí”, explicó.
La decisión también se cruza con un presente físico que relató sin disimulos. “Yo convivo un poco con un dolor constante que no está bueno”, reconoció. De su anterior temporada en Santa Fe recordó una rutina exigente: “Era función, kinesiólogo, función, kinesiólogo”.
Mientras prepara Siete Auras, el espectáculo con el que proyecta volver al escenario durante el verano, empieza a pensar cómo seguir creando sin someter siempre al cuerpo a la misma exigencia. “También siento que tengo que estar bien para mi hijo”, sostuvo. En su relato, el entusiasmo por lo que viene convive con la necesidad de escuchar esos límites.
La Cúpula moviliza a unas 80 personas, entre ellas más de 35 artistas en escena. Esa dimensión da una medida del trabajo que implica convertir una idea íntima en una experiencia compartida. Mendoza describió las dificultades de producir, dirigir y coordinar un elenco, pero también el momento en que todo ese esfuerzo encuentra sentido: “Lo volvería a hacer”.
Santa Fe ocupa un lugar particular en esa insistencia. La gira tenía previsto continuar desde Buenos Aires hacia Córdoba, pero él impulsó el cambio de recorrido. “Siento que los traiciono si no voy a Santa Fe primero”, confesó.
Ni siquiera el recuerdo del temporal que dañó la carpa de Circo Ánima modificó esa decisión. Volver significa reencontrarse con un público que lo hizo sentir acompañado y ofrecerle algo nuevo. Antes de despedirse, dejó abierta otra posibilidad: también quiere traer Siete Auras.
“Creo que no me alcanza el tiempo ni la vida para hacer todos los espectáculos que quiero hacer”, dijo. Por ahora, ese impulso tiene una próxima cita en la ciudad: La Cúpula estrenará el 30 de octubre, con entradas a través de su sitio web y venta en boletería prevista para cuando avance el montaje.
Audio: Escuchá la Entrevista con Flavio Mendoza
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