Francia vive un estallido: disturbios, protestas y la respuesta de Macron

Los disturbios en Francia han dejado 2.400 detenidos y miles de daños. La violencia se extiende por el país mientras el gobierno de Macron responde con medidas estrictas y promesas de investigación.

Francia enfrenta uno de los peores estallidos de disturbios civiles en años, con alborotadores que se han enfrentado a la policía, incendiado vehículos, asaltado edificios públicos e incluso envuelto en llamas un histórico ayuntamiento. Esta ola de violencia ha dejado a las autoridades preocupadas y ha generado una respuesta contundente del gobierno.

Las protestas se han intensificado en varias ciudades del país, donde miles de personas han salido a las calles, lo que ha llevado a la detención de aproximadamente 2.400 personas durante el último fin de semana. La violencia ha eclipsado manifestaciones pacíficas que se oponían al aumento del costo de vida y a las malas condiciones en las escuelas, en las que cientos de miles de personas marcharon sin incidentes.

El presidente Emmanuel Macron ha calificado la situación de "violencia descontrolada", atribuyendo parte de los disturbios a "elementos insurreccionales de grupos radicales de extrema izquierda" y a delincuentes que ven una oportunidad para saquear. Organizaciones estudiantiles han convocado a nuevas manifestaciones para el jueves y sábado, mientras que activistas que buscan reactivar el movimiento de los "chalecos amarillos" de 2018 también han anunciado protestas bajo el lema "Macron debe irse".

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La magnitud de los daños ha sido comparada con los disturbios de los chalecos amarillos, según el profesor Sebastian Roché del instituto político Sciences Po Grenoble. Este movimiento, que comenzó como una oposición a los aumentos de impuestos a los combustibles, derivó en manifestaciones masivas y violentas contra el gobierno de Macron, con incidentes de vandalismo, saqueos y destrucción de propiedades.

La reciente ola de disturbios fue desatada por la muerte de un joven de 17 años a manos de la policía en junio de 2023, lo que provocó días de enfrentamientos en todo el país. En estos episodios, miles de detenidos y cientos de heridos han sido reportados. Este último estallido se distingue por las lesiones graves causadas por armas de la policía, con un saldo que no se había visto en las últimas cuatro décadas, según Roché, quien destacó que seis personas, incluidos menores, han quedado mutiladas.

 

 

La policía ha enfrentado un intenso escrutinio por el uso de granadas y otros métodos de control de disturbios. La violencia ha sido atribuida en parte a grupos de "radicales de extrema izquierda", aunque Roché argumenta que su número es demasiado reducido para ser el único factor detrás de la violencia. Los servicios de inteligencia franceses estiman que este sector cuenta con alrededor de 3.000 personas en diversas facciones.

Macron ha prometido una respuesta "intransigente" y ha ordenado una investigación sobre fallas en la recopilación de inteligencia y planificación que pudieron haber contribuido a la subestimación del potencial de violencia. Las autoridades han impuesto toques de queda en zonas específicas, incluyendo un toque de queda nocturno que entró en vigor el lunes en áreas de París afectadas por los disturbios.

Las autoridades han informado que entre las detenciones del sábado, 855 se realizaron en el área de París, 101 en Marsella y 199 en Lyon. La mayoría de los casos penales se centran en daños a la propiedad y agresiones a agentes policiales. La situación continúa siendo tensa y las autoridades están en alerta ante la posibilidad de más protestas.