Criar entre pantallas: por qué saber usarlas no es saber cuidarse
Sebastián Bortnik advirtió en los estudios de LT10 que la facilidad de los chicos para manejar dispositivos no implica que reconozcan los riesgos. Durante su entrevista, habló sobre límites, privacidad y el ejemplo de los adultos.
La presencia de pantallas desde la infancia plantea desafíos que van más allá de cuánto tiempo pasan los chicos con un dispositivo. Reconocer situaciones de riesgo, proteger la intimidad y saber cuándo pedir ayuda también requiere aprendizaje y acompañamiento de los adultos.
Ese fue uno de los ejes que abordó Sebastián Bortnik, especialista en Tecnología y Seguridad Informática y autor de Guía para la crianza en un mundo digital, durante su visita a los estudios de LT10.
Bortnik cuestionó una idea frecuente entre los padres: que los chicos saben más sobre tecnología por la facilidad con la que utilizan aplicaciones o configuran dispositivos. “Los chicos usan con más facilidad que los padres, que es muy distinto a saber”, aclaró.
Para el especialista, confundir esas habilidades con la capacidad de cuidarse puede convertirse en una excusa para no intervenir. Saber configurar un televisor no significa reconocer un contacto peligroso, responder ante un pedido de imágenes íntimas o comprender el daño de compartir contenido que expone a otra persona.
La confianza se construye antes de la adolescencia
Bortnik explicó que la crianza digital requiere conversaciones y acuerdos distintos según la edad. En los primeros usos, consideró importante que los chicos sepan cuáles son los límites y que pueden recurrir a sus padres cuando algo los incomoda.
“Según la edad aparecen distintas preguntas”, señaló. El acompañamiento, planteó, debe ayudar a construir herramientas para que, al llegar a la adolescencia, puedan tomar decisiones y cuidar tanto su intimidad como la de los demás.
Entre los ejemplos, mencionó las imágenes íntimas falsas creadas con inteligencia artificial. El desafío no se limita a que los adolescentes sepan qué es un deepfake, sino a que comprendan por qué no deben difundirlo.
También propuso aprovechar los hechos públicos vinculados con grooming, ciberacoso o exposición de imágenes para abrir conversaciones familiares: “Es nuestra responsabilidad como adultos agarrar esas oportunidades y llevar la conversación a la mesa”, sostuvo.
Control y privacidad: la edad cambia la respuesta
Ante la consulta sobre revisar teléfonos o conocer contraseñas, Bortnik remarcó que no corresponde aplicar el mismo criterio a un niño que comienza a usar tecnología que a un adolescente.
Consideró que, en los primeros años, pueden acordarse mecanismos de supervisión. En cambio, sostuvo que durante la adolescencia debe existir espacio para la intimidad, los secretos y las conversaciones con amigos.
El exceso de control, advirtió, no garantiza seguridad. Según su experiencia, puede producir el efecto contrario: “Los chicos están más preocupados por saltar los controles de sus padres que por cuidarse de los riesgos reales de las redes”.
En ese proceso, destacó que las escuelas y las intervenciones de especialistas pueden reforzar los mensajes familiares y generar otra disposición para escuchar.
El ejemplo empieza por los adultos
Bortnik también puso el foco en el uso que hacen los mayores de sus propios teléfonos. Describió la dependencia de las pantallas como un problema social que atraviesa a toda la familia.
Para explicar el valor del ejemplo, comparó dos escenas: compartir un momento familiar mientras cada adulto mira su celular o dejar los dispositivos a distancia para conversar. Los chicos, señaló, observan esas prácticas y aprenden qué lugar ocupa la tecnología en los vínculos.
El especialista reconoció las ventajas de las herramientas digitales para resolver pagos, trámites y actividades cotidianas. El desafío, sostuvo, es encontrar un equilibrio que permita aprovecharlas y preservar los espacios de encuentro.
Sobre sus efectos sociales, evitó atribuir todos los problemas a una sola causa: “No me gusta decir 'por culpa del celular'; hay cuestiones sociales, ambientales, económicas”. Aun así, insistió en que la tecnología tiene un papel importante y que los adultos deben involucrarse para acompañar a los chicos.